Entrevista

Monseñor Carlos Osoro: «La familia es el mejor antídoto contra la ideología de género»

El arzobispo de Madrid, que recibirá la birreta y el anillo cardenalicio el 19 de noviembre, asegura que el Papa Francisco «no tiene más enemigos que sus antecesores»

El arzobispo de Madrid en un momento de la entrevista con ABC
El arzobispo de Madrid en un momento de la entrevista con ABC - Maya Balanya

Cuando llegó a Madrid en agosto de 2014 monseñor Carlos Osoro se presentó como «un obispo para todos» en una Iglesia en la que «nadie sobra». Desde entonces su labor al frente de la Archidiócesis ha sido la de hacer sitio para todos, compartiendo ese afán del Papa Francisco por fomentar una verdadera «cultura del encuentro».

Ese talante cercano y conciliador le ha valido al vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española pasar a formar parte del círculo más estrecho del Santo Padre. El próximo 19 de noviembre en el Consistorio que cerrará el Año Santo de la Misericordia, el arzobispo de Madrid recibirá la birreta y el anillo cardenalicio. A partir de ese momento se integrará en el Colegio Cardenalicio que elige al Papa, en caso de celebrarse un cónclave.

Pocos días después de conocer la noticia, monseñor Carlos Osoro recibe a ABC en el Palacio Arzobispal de Madrid para agradecer al Santo Padre su gesto de confianza y afirmar públicamente que llevará «la púrpura» siguiendo el ejemplo de los mártires: dispuesto a dar la vida por la Iglesia.

—Podemos afirmar que el Papa no tiene en cuenta las sedes cardenalicias para elegir a sus cardenales, ¿qué mensaje quiere transmitir Francisco a la Iglesia en España con su elección?

—Sinceramente, no soy ninguna persona especial. Hay gente incluso más sabia. No sé lo que el Papa ha visto en mí, pero agradezco a Dios y al Santo Padre el que me haya elegido para colaborar más estrechamente con él. Siempre he buscado entregarme de primera

«Me siento muy identificado con el Papa Francisco; con su forma de ser, de pensar, de acercarse a los hombres»

mano a nuestro Señor. No dar ideas, porque el Señor no es una idea, es una Persona. A veces cuesta separarse de posiciones que son ideológicas. No sólo me cuesta a mí, sino también a otras personas que quisieran que te pusieras en una posición. Yo estoy en la vida nada más que para entregarme a una Persona.

—¿Cómo entiende usted el cardenalato, es decir, esta nueva responsabilidad que le pide el Papa?

—Si le digo la verdad, no lo he pensado mucho pero sí sé que cuando te ponen una vestimenta de color sangre es para dar la vida. No es para estar más guapo. Significa que públicamente dices que vas a dar la vida de verdad con todas las consecuencias. Que estás dispuesto a morir por la Iglesia y a defender al sucesor de Pedro.

—Dicen de usted que es un pastor al estilo de Francisco, ¿se siente identificado con el Papa?

—Me siento muy identificado con su manera de ser, de pensar, de acercarse a los hombres, no solamente con las palabras, sino también con los gestos. Ojalá me pareciese. Y sé que no, que él tiene mucha más cualidades que yo. Lo que sí es verdad es que el Papa siempre suscita que la gente vuelva la cabeza para mirarle y escucharle. A veces, cuando se le escucha desde una ideología, puede molestar, pero lo que hace es hablar con claridad de lo que Jesús nos diría en estos momentos y eso suscita un interés especial por darle un abrazo y decirle “gracias”.

—El Papa es criticado dentro de la propia Iglesia. Francisco habla claro a la Curia vaticana, a los obispos y también a los sacerdotes, ¿tiene más enemigos que sus antecesores?

—No creo que tenga más enemigos que sus antecesores. Además, cuando habla claro lo hace diciendo la verdad. ¿Es que no es verdad que tenemos que estar al lado de todos los hombres; de que tenemos que vivir con sencillez? ¿Es que no es verdad que Jesús vino a salvar, no a condenar? Son palabras de Jesús. No es que las diga el

«Todo aquel individuo que intente reducir la libertad religiosa, cercena la libertad, crea dictaduras de derechas o de izquierdas»

Papa. Lo que pasa es que nos gustaría identificar la misión de Jesús con posiciones que nada tienen que ver con Él. Y el Papa en ese sentido tiene tal libertad que necesariamente puede suscitar críticas a quienes están en otras posiciones. Los jóvenes y los pobres, por ejemplo, son grandes admiradores del Papa. ¿Qué quiere decir esto? A mí me parece algo muy importante.

—Francisco ha asegurado que no juzga a los homosexuales y que se les debe acompañar como lo haría Jesús, ¿ha sido la Iglesia de alguna manera inmisericorde con estas personas?

—Creo que el Papa lo que nos dice es que el Señor ha venido para todos los hombres. Y ha venido a sanar al ser humano regalando el amor de Dios. El amor de Dios es misericordia y la misericordia es la viga maestra que sostiene la Iglesia. Yo creo que el hecho de que el Papa nos recuerde esto es importante.

—El Santo Padre ha denunciado que la «teoría de género» es una «colonización ideológica» que llega incluso a los niños a través de las enseñanzas que reciben en el colegio. ¿Cómo se le puede hacer frente?

—El Papa lo dice claramente en la exhortación apostólica Amoris Laetitia (La alegría del amor). Él dice que la ideología de género es algo tremendo. Toda idelogía nos separa, nos rompe, elimina a unos para poner a otros. Busca el interés personal o los intereses de un grupo. ¿Cómo se elimina? Tengo mi teoría. La familia es el mejor antídoto para eliminar esta ideología.

—¿Cree que el hecho de que la Iglesia esté en contra de esta ideología le haya costado ser etiquetada como homófoba?

—Puede que en algún momento. La Iglesia siempre se ha enfrentado a las ideologías. La gran tragedia que tenían los primeros discípulos de Jesús en el mundo pagano del imperio Romano era que hablaban de un tal Jesús que había resucitado. No hablaban de una idea,

«Los enfrentamientos nos alertan de que o cambianos de sistema educativo o entraremos en una selva donde nos daremos lanzadas unos a otros»

hablaban de una persona. Que se hable de Jesús y de un Dios que se ha hecho hombre y que vive trastoca todas las ideologías. ¿Por qué? Porque se habla de un Dios que viene a acoger a todos y a querer a todos cuando las ideologías solo cogen a algunos, nunca a todos.

—La corrupción está entre los problemas que más preocupan a los españoles. ¿No cree que esta situación nos debe invitar a pensar qué papel tiene hoy la Iglesia en la educación?

—Un papel fundamental entregando a todos los hombres los grandes valores que tienen que mover nuestras vidas. Y el valor grande de nuestra vida no es apropiarme de lo que no es mío.

— ¿Algunos gobiernos autonómicos de izquierda radical ven la asignatura de Religión como un privilegio de la Iglesia, en lugar de un derecho de los ciudadanos? ¿Por qué? ¿La Iglesia no lo ha explicado bien?

—Yo creo que la Iglesia lo ha explicado bien, pero en España, quizás por la tradición que tenemos, no todos lo han entendido. Hay un derecho humano que es el derecho a la libertad religiosa. Solo la libertad religiosa garantiza la verdadera libertad. Todo aquel individuo que intente reducir la libertad religiosa, cercena la libertad, crea dictaduras. Esto hay que decirlo, aunque sea con

«Cuando te ponen una vestimenta de color sangre es para dar la vida. No es para estar más guapo»

dolor. Y no hablo solamente de la Religión católica, hablo de todas las religiones. El 99% de los seres humanos vive la dimensión trascendente. ¿Eso quiere decir que todos los seres humanos están equivocados? Creo que ,si queremos una sociedad libre, comencemos por reconocer el derecho que hace posible que, de verdad, exista la libertad, si no a la larga se crean dictaduras de derechas o de izquierdas, pero dictaduras.

—Algunos gobiernos autonómicos han declarado la guerra a los colegios concertados y otros plantean la ruptura de España, ¿por qué hay más empeño en restar que en sumar?

—Pues porque no hemos entrado en la cultura del encuentro. Estamos todavía en la cultura de los desencuentros; de lo mío; en que lo del otro me sobra y tengo que prescindir de él. Así no se arregla esta humanidad. Pienso que una sociedad se arregla cuando nos sentimos todos necesarios.

—Usted que ha sido maestro y formador, ¿cómo ve que España lleve años a la espera de un Pacto de Estado por la Educación?

—Lo veo como una necesidad. Tenemos que ponernos de acuerdo entre todos para ver cuáles son los valores que necesariamente tenemos que tener para poder trabajar juntos, para hacer un mundo diferente en el que todos tengan sitio. A veces las divisiones, la ruptura, los enfrentamientos nos alertan de que, o cambianos de sistema educativo o entraremos más rápidamente en una selva donde nos daremos lanzadas unos a otros.

—¿Qué opinión le merece que España lleve diez meses sin gobierno?

—Hablo desde obispo. Cuando somos capaces de amar, ver y oír como Jesús todas las personas entran en nuestras vidas. Y yo con esos ojos veo que hay personas que sufren, que no tienen trabajo, que no pueden pagar el alquiler. Eso no es una anécdota es una realidad. A mí me parece que no nos podemos permitir el lujo de estar así. Lo veo yo y lo vemos todos. No podemos entretenernos. Esto sólo lo podemos resolver juntos, no cada uno tirando para su lado. Por eso soy un defensor de la cultura del encuentro para creyentes y no creyentes. Mirar al otro, escucharle, ver lo que padece. Entonces, qué diferente sería todo. Habría Gobierno rápido.

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