Sociedad

Francisco denuncia la indiferencia de la sociedad con los presos y enfermos

Recuerda que «una caricia y una sonrisa restituyen la dignidad y la alegría a quienes están solos»

El Papa Francisco junto a oficiales de la Armada Italiana durante la audiencia general en la plaza de San Pedro
El Papa Francisco junto a oficiales de la Armada Italiana durante la audiencia general en la plaza de San Pedro - Reuters
Javier Martínez-Brocal Vaticano - Actualizado: Guardado en:

Francisco ha recordado en San Pedro este miércoles sus visitas a las cárceles, tanto en sus tiempos como arzobispo de Buenos Aires como ahora en Roma. «Cuántas lágrimas he visto caer sobre las mejillas de prisioneros que quizá no habían llorado en su vida», aseguraba el Papa. «Y lloraban sólo porque por primera vez se han sentido acogidos y amados».

Durante la audiencia general ha continuado el discurso que comenzó este domingo durante el Jubileo de las Cárceles, para pedir a la sociedad que contribuyan con gestos concretos a la reinserción social de los presos, y ha propuesto mirarlos de un modo nuevo: «¿Quién puede entrar en sus conciencias? ¿Quién puede comprender su dolor y su remordimiento?».

El Papa ha recordado que visitar a los presos «es una obra de misericordia para recordarnos que no podemos ser jueces de ninguno». «Por supuesto, si uno está en la cárcel es porque se ha equivocado, no ha respetado la ley ni la convivencia civil. Pero a pesar de lo que haya hecho, Dios lo sigue amando», ha explicado.

«Es demasiado fácil lavarse la manos diciendo 'se ha equivocado'. Un cristiano debe además hacerse cargo, para que quien se ha equivocado comprenda el mal que ha hecho y pueda comenzar de nuevo», ha pedido el Papa.

Para el Papa visitar a los presos es importante para contrarrestar «las formas de justicialismo a las que estamos sometidos». «Que nadie levante el dedo contra nadie, seamos instrumentos de misericordia. Todos necesitan cercanía y ternura para que la misericordia Dios cumpla milagros en sus vidas», ha asegurado evocando los cambios que ha visto en los ex prisioneros que atendía.

Además de la soledad de los presos, el Papa ha denunciado la soledad de los enfermos, causada a menudo por la superficialidad de familiares y amigos que podrían estar mucho más cerca de ellos.

«Quien está enfermo, a menudo se siente solo», ha lamentado el Papa. «Una visita puede ayudar a que el enfermo se sienta menos solo, un poco de compañía es la mejor medicina», ha añadido arrancando aplausos en la plaza. Para Francisco, acompañar a los enfermos ayuda tanto a quienes los visitan que los hospitales pueden considerarse auténticas «catedrales del dolor».

Francisco ha enumerado los elementos de su propuesta, para mostrar que está al alcance de cualquiera: «No caigamos en la indiferencia. Una sonrisa, una caricia, un apretón de manos, son gestos sencillos, pero importantísimos para restituir alegría y dignidad a quien se siente abandonado».

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