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Venenosas varas de medir Hermann Tertsch

La siempre obscena doble vara de medir de delitos de izquierda o derecha alcanza disparidades grotesca

Ayer era un día perfecto para un milagro. Era un día muy propicio para un acto de buena fe que rompiera la viciosa espiral de un enconamiento del discurso político que nos lleva hacia la total destrucción del consenso democrático, la quiebra de las instituciones y, como sigamos empeñados, el enfrentamiento civil. ¿Por qué había ayer ocasión de frenar esta escalada suicida? Porque con un poco de grandeza las novedades judiciales que afectan a los dos grandes partidos podían crear esa instantánea comunión de intereses que, proyectada en una iniciativa política, podía dar el impulso necesario para salir del pozo del odio en que se hunde la política española. Era un día perfecto para un esfuerzo reconciliador con un mea culpa conjunto. La Fiscalía Anticorrupción presentaba el escrito de acusación de la pieza separada del caso ERE. Acusa a más de veinte personas, entre ellas los dos expresidentes de la Junta de Andalucía y expresidentes del PSOE, Manuel Chaves y José Antonio Griñan, de los delitos continuados de prevaricación y malversación de fondos públicos. Para Griñán pide seis años de cárcel. Para Chaves, diez años de inhabilitación. Una novedad de extrema gravedad. Los dos presidentes del PSOE y del Gobierno socialista de Andalucía. Por muchos cientos de millones de euros. Un día antes estalló un terrorífico escándalo al anunciar el Tribunal Supremo que investigaría a la exalcaldesa de Valencia, Rita Barberá, bajo sospecha ella como su consistorio de haber lavado mil euros cada uno de financiación irregular del PP. Por 50.000 euros. Todos los medios convirtieron la noticia en portada. Y la mera apertura de pesquisas sobre el supuesto delito era de repente la confirmación de que Barberá es «lo peor de la política», como decía el presidente valenciano, Ximo Puig, compañero de Griñán y Chaves, socio de Podemos y de grupos separatistas.

«Lo peor», dice ese Ximo Puig, un obstinado perdedor que llega a la presidencia por la ayuda de un partido financiado por un régimen criminal extranjero dedicado al narcotráfico y a matar a su gente de represión, hambre y enfermedades. ¿Seguro que son peores los mil euros ingresados por Barberá para el PP que los millones manchados de sangre que le han llevado al cargo? El coro de linchadores es multitud. Especial bajeza revela el exceso de celo de algunos compañeros de partido de ella en exigir su inmolación. Gritaban al unísono con socialistas y comunistas como si quemar a Barberá los purificara ante el enemigo. Por ejemplo, ante los comunistas del Ayuntamiento del Madrid mugriento como Rita Maestre, condenada en firme por un delito mucho peor que el robo, que es la agresión y violación de derechos fundamentales. Clama contra Barberá, pero ella sigue en su cargo con su condena firme, su cinismo y sus mentiras. No hay milagro en España porque no hay grandeza por ninguna parte. Porque Pedro Sánchez es ya un pobre pelele del discurso sectario y revanchista de Podemos. Porque Mariano Rajoy, como demostró en la presentación del libro de Luis de Guindos, tiene intacta la soberbia y pretende que se le debe todo. No hay milagro porque no hay racionalidad ni un mínimo equilibrio. La siempre obscena doble vara de medir de delitos de izquierda o derecha alcanza disparidades grotescas. Pero la actual cúpula del PP que tanto ha hecho para reforzar la hegemonía mediática de la izquierda que aplica esas dos varas está tan paralizado por la mala conciencia que es incapaz de reaccionar ante ese atropello a la inteligencia y justicia. Ante esa burla inmoral y venenosa para la convivencia y la paz que convierte a Barberá en el mal absoluto, a Griñán y Chaves en despistados y a los receptores de dinero manchado de sangre en los adalides de la regeneración.

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