Ignacio Camacho - UNA RAYA EN EL AGUASeguir

Bataclanes Ignacio Camacho

Francia sigue bajo amenaza. El intenso despliegue policial no la ha hecho una nación más segura. Sólo más vigilada

Ignacio Camacho - Actualizado: Guardado en:

El norte del Marais no era un barrio demasiado turístico pero muchos de los visitantes que ha recibido París en el último año se han acercado a la puerta de Bataclan a dejar alguna flor o rendir con la mirada y el silencio un pequeño homenaje. Hay un cierto turismo del horror, un peregrinaje del luto, de la solidaridad emocional con la barbarie. La misma por la que millones de banderas francesas continúan presidiendo otros tantos perfiles de usuarios de redes sociales. A efectos prácticos no sirve de mucho: ya se vio en Niza. Porque la mayoría de esas personas honestamente conmovidas no están dispuestas a traspasar la frontera moral que separa una fraternidad indolora de una respuesta consecuente, decidida, sólida. Y más allá de los buenos sentimientos y de la empatía universal con las víctimas, Francia sigue –como Europa entera– amenazada, intimidada, insegura. Y sola.

Toda aquella corriente de indignación no bastó para cambiar la estrategia contra el ISIS. Ni siquiera tras la pavorosa crisis de refugiados que huían de su ferocidad salvaje. Ningún país se involucró más en el combate, salvo la Rusia de Putin por sus propios intereses geopolíticos, tan espurios como poco confesables. El mismo Gobierno francés, consciente de su soledad diplomática, hubo de recular en su inicial decisión de usar la fuerza militar con toda la contundencia que tenía a su alcance. No encontró apoyo unánime en la opinión pública de una nación convulsionada pese a haber seguido sufriendo ataques. Y la guerra contra el yihadismo en Siria e Irak, delegada en las precarias fuerzas de los combatientes musulmanes, ha avanzado en todo este tiempo con lentitud desesperante. En el plano militar, la yihad no tiene masa crítica para resistir una embestida seria; si sigue ahí es porque a Occidente le ha faltado unidad y coraje.

Francia está desde hace un año tomada por un despliegue de fuerzas en la calle. Pero eso no la ha hecho una nación más segura; sólo más vigilada. De hecho sus autoridades temen que la caída de Mosul provoque un retorno masivo de yihadistas cargados con su delirio de odio y de sangre. El mayor progreso francés ha consistido, por fortuna, en un compromiso serio con el trabajo preventivo de los servicios de información y espionaje.

La maquinaria exterminadora del extremismo islámico ha seguido asesinando o a buen ritmo, sin que salvo cuando agredía en Europa lograse sacudir las mentalidades biempensantes. El número de asesinados en doce meses daría para llenar varios cientos o miles de bataclanes. Nos hemos acostumbrado; espíritus puros hay entre nosotros que incluso cuestionan los asépticos bombardeos desde el aire. Pagaremos el tributo de la desimplicación con más banderitas y memes de ingeniosas frases. Anoche actuó Sting en Bataclan. Debió de ser hermoso, inolvidable. Cuando pueda cantar en Alepo, en Damasco, en Mosul, será de verdad emocionante.

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios