Premios Princesa de Asturias

Mary Beard, la Patti Smith del mundo clásico, en Oviedo

Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, ha protagonizado hoy junto a Richard Ford la jornada

Mary Beard, feliz, atiende a los medios en Oviedo
Mary Beard, feliz, atiende a los medios en Oviedo - EFE

Mary Beard (Much Wenlock, Reino Unido, 1955) suele decir, con esa sonrisa suya tan pícara como incontestable, que «nuestros dilemas son los mismos que los del tiempo de Cicerón». Y no le falta razón a la historiadora. Basta pararse, un instante, y mirar a nuestro alrededor. Pero esa es otra historia. La que nos ocupa estos días tiene como epicentro Oviedo y sus premios más internacionales, que este año han decidido galardonar a la británica en la categoría de Ciencias Sociales.

Beard andaba hoy entre nubes en el Hotel de la Reconquista, con unas llamativas zapatillas color oro que parecían darle alas. No obstante, es la premiada que más actos tiene programados. Por la mañana, compartió confidencias en un instituto, mientras Hugh Herr (Lancaster, Pensilvania, 1964), premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica, inauguraba una exposición con dibujos de alumnos de colegios de Asturias. Las caras de los pequeños al ver las piernas biónicas del premiado demuestran que los superhéroes también existen en la vida real.

Una jovialidad que contrastaba con la sobria presencia de Richard Ford (Jackson, Misisipi, 1964), siempre del brazo de su esposa, Kristina. Ella es, quizás, la mujer que, sin estar presente en sus novelas, protagoniza toda la obra del escritor estadounidense, por la que ha recibido el Princesa de Asturias de las Letras. El escritor estadounidense ha preferido no dar entrevistas en Oviedo [ABC publicaba el domingo esta entrevista exclusiva con él], aunque esta tarde protagonizó un encuentro con clubs de lectura y mañana ofrecerá una charla en una biblioteca pública sobre los libros que más le han marcado.

La historiadora, en cambio, atendió a cuantos medios solicitaron su presencia, entre ellos ABC. «Hay miles y miles de mujeres en el mundo que trabajan mucho más que yo. Cuando te desplazas para recibir un premio de este tipo, no te quieres perder nada, así que no quiero estar en mi habitación, prefiero pasar el tiempo conociendo a la gente». Beard opta por vivir el presente, pero sin perder de vista el pasado. «Para mí, el estudio de la Historia trata de nuestras conversaciones con ella. Si no hay alguien que la defienda, no podremos comprender dónde nos encontramos ni mejorar nuestra situación». En los últimos años, ella se ha convertido en ese «alguien» capaz de hacernos ver la Historia desde fuera, hasta el punto de llegar a cuestionarnos suposiciones que creíamos inamovibles. Eso la convierte en una mujer a contracorriente, y no sólo en el estudio del Mundo Antiguo.

Tres mil años de discriminación

«Cuando era más joven, pensaba que las mujeres nos libraríamos de la opresión y crearíamos un mundo nuevo. Lo hemos hecho muy bien, pero la discriminación está integrada en la civilización occidental y no es posible eliminar una idea que lleva tres mil años enraizada en la cultura». Ella, como Ángela Bernardo, la biotecnóloga que tuvo que denunciar ante la Policía el acoso sufrido en Twitter cuando se quejó de que no había mujeres en la lista de premiados con el Nobel, cuestiona la ausencia femenina entre las preferencias de la Academia Sueca. «A mí me han llegado a decir que me iban a cortar la lengua. Esa reacción tiene que ver con la idea de que hoy las mujeres no deben ser escuchadas, porque su voz no pertenece a la esfera pública». Por eso, entre otras cosas, Mary Beard espera que Hillary Clinton sea elegida presidenta de EE.UU. «No sé qué haremos si Hillary no gana… Pensar en la alternativa es demasiado difícil». Quizás tanto como imaginarse una Europa sin Reino Unido, aunque sospecha que si el referéndum «se celebrase hoy el resultado del Brexit no sería muy distinto, porque aún no se han visto los efectos». «Defendían que si seguíamos en Europa todo colapsaría, y eso se convirtió en algo a lo que aferrarse en un mundo en el que hay gente que se siente muy excluida. Cierto que la élite cultural, y me incluyo, no nos habíamos molestado en ver a esas personas que se sentían fuera».

Pese a estar rodeada de personajes como Boris Johnson o Donald Trump, Mary Beard no le desea a nadie el final de Julio César, «por mucho que esté en desacuerdo». Lo dice riendo ante la ocurrencia, aunque recupera la seriedad para advertir que «algo está ocurriendo en la relación entre la clase política y la sociedad». «Ha llegado la hora de examinar nuestro concepto de democracia. Tenemos que ver si hay más elementos que el voto, y eso tiene que ver con la información de la que dispone la gente. Si justificas una votación diciendo que el pueblo ha hablado, pero tienes un porcentaje de un 52% frente a un 48, con un 28% de abstención… Eso no es el pueblo que habla», zanja, rotunda, y recupera la sonrisa.

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