Imagen del recordatorio de Jesús Torrens, dado por muerto en 1937. Falleció en 2002 a los 96 años
Imagen del recordatorio de Jesús Torrens, dado por muerto en 1937. Falleció en 2002 a los 96 años - PABLO LARRAZ

Todos los SantosEsquelas falsas de vivos

Para desaparecer del mapa, como amenaza o broma de mal gusto, o por error, hay quien se ha desayunado con el soponcio de leer en el periódico que ha muerto

Actualizado:

Todo en aquella esquela destilaba falsedad. Perseguido por la Justicia, Francisco Paesa había sospechosamente «fallecido en Tailandia el 2 de julio de 1998, donde fue incinerado» y su «funeral tuvo lugar en la más estricta intimidad», según la nota de la «familia y amigos» del espía que salió publicada en «El País». Ni su segundo apellido, tan frecuente en estos anuncios fúnebres, ni el nombre de familiar alguno acompañaba la esquela. Tampoco la encabezaba la cruz al uso, pese a que anunciaba «misas gregorianas» durante «todo el mes de agosto» en el monasterio cisterciense de San Pedro de Cardeña (Burgos) «para confortar a los que le llevamos en el corazón». Fue la argucia más teatral de « El hombre de las mil caras», cuya turbia vida ha sido llevada al cine por Alberto Rodríguez.

Sin embargo, no se puede decir que fuera original. Ha habido casos de muy diversa índole de personas que han querido «desaparecer» publicitando su muerte. En 1958, un señor de buena presencia y bien vestido insertó una esquela en «La hoja del lunes» en Bilbao para escapar de sus acreedores. Años antes Juan Pujol García, alias «Garbo», el ingenioso español que engañó al mismísimo Hitler sobre el desembarco de Normandía, fingió su muerte, con una nota que publicaron varios periódicos internacionales, tras la Segunda Guerra Mundial. Tenía experiencia. Ya durante la contienda había «matado» a uno de sus inventados agentes con un obituario en «The Times». También el abogado socialista Luis Elío Torres, que tuvo que esconderse durante la Guerra Civil hasta que logró pasar a Francia y huir a México, publicó su esquela en un periódico de Burgos para desaparecer de la lista policial de «buscados».

Esquela publicada en 1989
Esquela publicada en 1989- ABC

En el rostro de todos ellos debió de dibujarse una sonrisa al leer su muerte ficticia en la prensa. A otros, sin embargo, ver su nombre encuadrado en negro en las necrológicas les pilló de sorpresa. «Te sorprendes, pero la preocupación más que nada es saber de dónde viene, porque uno sabe que está vivo», cuenta Santiago González Alba, párroco de la iglesia sevillana del Dulce Nombre de Bellavista.

Han pasado 27 años de aquella «película surrealista» que vivió González Alba con 20 años, cuando aún «no era ni seminarista» y «estaba metido en otro tipo de dinámicas, en otro tipo de problemas». La esquela, donde se decía que había fallecido en un accidente de tráfico, se publicó en el ABC de Sevilla el 2 de julio de 1989. Apenas recogía datos del supuesto finado, solo una dirección «que no coincidía».

El sacerdote recuerda que hubo muchas llamadas de familiares a la casa donde vivía con sus padres, pero «en cuanto se dijo que era todo falso, corrió la voz por la familia y a media mañana ya todo el mundo sabía que no era cierto». Mientras, él intentaba comprender quién se podía haber gastado ese dinero (entre 10.000 y 15.000 pesetas de entonces) en insertar la esquela y qué daño pretendía hacerle.

«Acudí enseguida al bufete de abogados para denunciarlo, pero la denuncia no prosperó porque había una laguna jurídica», le dijeron. No alertó al periódico porque «no quería aparecer en ningún sitio». Así se explica que ABC no incluyera ninguna explicación en sus páginas. «Yo informé a mi representante legal y él se ocupó de todo», añade.

Hoy «claro que sé quién fue, sé perfectamente la persona que lo hizo y la motivación que tenía, que era sobre todo asustarme y amedrentarme», añade González Alba, que no ha vuelto a tener ningún contacto con el autor de la esquela. «Cuando alguien quiere asustar lo mejor que puedes hacer es responder con una cierta indiferencia», dice el párroco de Bellavista.

«Me lo tomé con cierto humor»

«Fue algo que ya pasó, que pertenece a otra etapa de la vida» y ya no preocupa en nada al sacerdote sevillano. Tampoco a Emilio Hermida Alberti. «Uff, eso pasó hace tanto tiempo...», responde el exdirector de Recursos Humanos de Cementos Portland. Su esquela, publicada por el «Diario de Navarra» el 4 de febrero de 1998 no tenía aparentemente nada anormal. «Falleció, víctima de accidente, en Aranjuez... Sus hermanos Gerardo, Nacho, Jesús, Serafín y Teresa y sus compañeros de trabajo agradecerán la asistencia a los funerales que se celebrarán (...) en la capilla de San José de Olazagutía». Hermida aún la conserva.

La esquela falsa de Emilio Hermida
La esquela falsa de Emilio Hermida

Curiosamente a él fue a quien menos sorprendió. «Llevábamos tiempo, casi un mes, con huelgas en la empresa, así que te extraña, pero no tanto. Yo no le di excesiva importancia, me lo tomé con cierto humor, mucho mejor que mis compañeros de la empresa que, a raíz de la esquela, me obligaron a llevar escolta», recuerda.

«A raíz de la esquela, me obligaron a llevar escolta»
Emilio Hermida

Hermida residía en Madrid y no desayunó leyendo su esquela, pero se enteró inmediatamente de aquella «anécdota de mal gusto», como él la considera. Inmediatamente supo de dónde procedía, «del sindicato nacionalista que llevaba la voz cantante en las movilizaciones en la empresa, ELA,» y que «quiso darle publicidad rápidamente». Al poco tiempo se vio cara a cara con ellos. «No dije nada. No había que darles más satisfacción de la que ya tenían. Entendimos que era mejor mostrar indiferencia».

El directivo, que contaba con una experiencia de diez años como director de recursos humanos de Portland, explica que en la empresa y en su familia estaban más preocupados que él porque «no vivían el entorno». Dada la relevancia de la factoría navarra y su conflictividad, se desplazaba desde Madrid para acudir personalmente a las reuniones. «Sabía que no pasarían de ahí, que era una mala broma».

No denunció los hechos aunque desde la empresa alertaron del error al diario, que se disculpó por carta con Hermida y Cementos Portland y al día siguiente informó de que «el afectado se encuentra bien y no sufrió ningún accidente de tráfico» y reseñó que la esquela tuvo su origen en una llamada telefónica a una hora cercana al cierre a la corresponsal del diario en la zona por una persona que dijo ser de la empresa y que pidió que se girase el importe a la cuenta de la sociedad. «Directivos de la empresa enmarcaron la falsa esquela en el contexto de un conflicto laboral especialmente duro», añadía el diario.

Datos falsos e insultos

También ABC y el diario Ya tuvieron que informar en 1966 de una esquela falsa publicada en sus páginas. Este diario reproducía la carta firmada por Gabriel Raluy que, sin embargo, escribía en tercera persona su «desagradable sorpresa» al ver la esquela de «nuestro delegado de ventas, señor Raluy, cosa afortunadamente incierta». ABC averiguó que la esquela había sido depositada en la agencia encargada de estas notas fúnebres por una mujer, que logró identificarse como la supuesta viuda del señor Raluy. «Falsa la muerte que anunciaba, falso su número del Documento Nacional de Identidad, falso su número de teléfono, que lógicamente sería también el del señor Raloy, y falsa y doble esta persona. La mayor parte de los datos familiares son falsos también». El diario informaba de que la Policía investigaba los hechos, puesto que no era el único incidente extraño sufrido por el señor Raluy, y mostraba su esperanza de que «con la Policía colabore, a su tiempo, un psiquiatra».

Esquela de 2006
Esquela de 2006

Digno de análisis psiquiátrico es un extravangante texto que se insertó en la página de esquelas de La Vanguardia el 16 de mayo de 2006. Al presunto finado le seguía la extraña frase de «"Seve" Ballesteros será siempre su Dios», con insulto incluido: «Ha dejado de ser una persona. Ahora es un animal como siempre quiso, con sus hijos «Blake» y «Numa».

El defensor del lector de La Vanguardia explicó días después que la esquela había sido contratada por teléfono y pagada con tarjeta de crédito. «Al ser advertido del extraño texto que proponía insertar, dijo ser hermano de la persona presuntamente fallecida y que ésta había decidido que los trámites se realizaran de esta forma», explicaba Carles Esteban antes de señalar que los responsables del departamento que contrataba las esquelas reconocían que fallaron algunos mecanismos de seguridad.

«Ahora es casi imposible»

Luis Peláez, director de la agencia Debod que gestiona gran parte y compone todas las esquelas en ABC, explica que éstos son casos muy raros. En sus más de 20 años de experiencia, recuerda solo el de una persona al que un grupo de amigos querían gastar una broma con su esquela, pero no llegaron a ingresar el dinero y finalmente no se publicó. Tampoco la de un hermano que quería molestar a otro. «También tuvimos problemas para cobrar y no se publicó».

«La práctica hace que sepas si hay algo extraño. Te tienen que decir dónde está el fallecido, cuándo falleció y al responder a nuestras preguntas se nota», asegura Peláez. Se pide el número de teléfono, cuenta de correo electrónico, dirección, NIF, una tarjeta de crédito... y llegados a este punto la broma empieza a no gustar. «Además enviamos por email la esquela compuesta para que nos dén la confirmación, con lo que se comprueba el correo electrónico. También contrastamos el resto de los datos. Es muy difícil que hoy alguien se complique la vida», considera.

«Antes se cobraba más en efectivo, era más fácil engañar que ahora. No había tantas comprobaciones, pero ahora es casi imposible. Se necesitan muchas ganas y que luego no se le encontrara sería casi imposible», añade el director de Debod.

«No es constitutivo de delito»

El «bromista» capaz de pagar entre los 400 y los 9.000 euros que cuesta hoy una esquela puede, sin embargo, salir impune. «Encargar una esquela o necrológica a sabiendas de la falsedad del fallecimiento, a mi modo de ver, no es constitutivo de delito», según el abogado Ignacio de Luis, ya que «se trataría de la llamada falsedad ideológica, espiritual o de contenido, en la narración de los hechos, hoy despenalizada cuando se trata de particulares en documentos privados, que tiene lugar cuando en un documento se recogen expresiones o manifestaciones que no se corresponden con la realidad, incluyendo en él datos –en este caso, la muerte de alguien-, ideas, pensamientos o decisiones referentes a elementos esenciales y fundamentales para los efectos del documento que son manifiestamente falsos y con potencial eficacia negativa».

Ese comportamiento cometido por un particular «en sí mismo resulta penalmente inocuo», añade De Luis, aunque existen factores que habría que considerar, como que el óbito falso, publicitado vía esuqela, fuera realizado como puesta en escena para engañar a terceros «con perjuicio patrimonial de por medio», en cuyo caso podría ser estafa. O que para acreditar el fallecimiento se documentara con un certificado de defunción falso. «Entonces estaríamos ante un delito de falsedad en documento público».

En los supuestos de necrológicas o esquelas como broma –ciertamente, de mal gusto-, o con fines de desprestigio u otros espurios, el autor sólo sería responsable en términos civiles y por razón del daño irrogado y siempre que se acredite una relación de causa-efecto entre la noticia errónea y el citado daño (patrimonial o, incluso, moral). «Es decir, que a la 'víctima' solo le cabría una demanda civil contra el autor de tal hecho, exigiéndole una indemnización por los daños que efectivamente pueda acreditar», concluye Ignacio de Luis.

Resulta difícil de dilucidar qué motivos llevó a la persona que incluyó dos chocantes recordatorios en las páginas de La Vanguardia en 1988. El último de los insertados el 31 de agosto en los aniversarios de la sección de Necrológicas recordaba el primer centenario de Mary Ann Nichols con un mensaje «a la más linda mujer por haber sido la primera» que firmaba «Jack» y al mes siguiente, «Jack» firmaba otro dedicado a «Annie Chapman. Mi amor y mi dolor». Dos mensajes breves que no hubieran llamado la atención si no fueran recordatorios por dos de las prostitutas asesinadas por el célebre Jack El Destripador.

Dos esquelas con 65 años de diferencia

Otras esquelas falsas no tuvieron ningún ánimo de broma, provocación o mala fe. Todo lo contrario. Fueron encargadas entre el dolor propio de quien lamenta la pérdida de un ser querido. Así fue en el caso de Jesús Torrens, cuyos familiares conservan dos esquelas a su nombre con 65 años de diferencia. Requeté durante la Guerra Civil, Torrens fue herido en Sigüenza, hecho prisionero y dado por muerto durante meses en 1937.

Él mismo se lo narró en persona a Pablo Larraz, que recogió su testimonio en su libro sobre los « Requetés. De las trincheras al olvido». Cuando en su casa se enteraron de que seguía vivo «el impacto fue tremendo, me creían muerto desde hacía cas un año. Se había publicado la esquela y la fotografía en la prensa, sacaron recordatorios míos y el 16 de enero se celebraron funerales en la parroquia de San Nicolás "por el alma del pobre Jesús". ¡Vamos!, podía pasar lista de quiénes habían asistido a mi funeral».

«Contaba cómo su madre apenas pudo reconocerle cuando lo vio durante el canje de prisioneros. "Debe tratarse de una confusión, ése no es mi hijo", protestó su madre y él le dijo: "Señora Manuela, ¿quién soy yo, pues?" y se abrazaron. Jesús había perdido unos 30 kilos», explica Larraz.

«No todo el mundo tiene "la suerte" de morirse dos veces»
Jesús Torrens

«No todo el mundo tiene «la suerte» de morirse dos veces», dijo Torrens a Larraz en una de sus entrevistas. «La última vez que charlamos, al despedirse, me entregó uno de sus recordatorios: "toma chaval, para que tengas un recuerdo mío". Ha sido la única vez que alguien, en vida, me ha entregado su propia esquela», recuerda Larraz.

Jesús Torrens falleció a los 95 años el 12 de septiembre de 2002. En su segunda esquela no figuraron sus padres y hermanos, sino sus hijos y nietos, pero sus funerales se celebraron en la iglesia de San Nicolás de Pamplona, por segunda vez.