El Papa durante la plegaria penitencial en Sala Regia del Palacio Apostólico
El Papa durante la plegaria penitencial en Sala Regia del Palacio Apostólico - EFE
Cumbre antipederastia

El Papa y los obispos: «Confesamos que hemos protegido a los culpables y silenciado a las víctimas» de abuso

Recitan un «mea culpa» durante una plegaria penitencial en la cumbre antipederastia

Corresponsal en el VaticanoActualizado:

En una plegaria penitencial intercalada con crudos testimonios de víctimas de abusos sexuales de sacerdotes, el Papa Francisco afirmó ayer que «para poder entrar en el futuro con renovado valor debemos decir, como el hijo pródigo: ‘Padre, he pecado’».

En primera fila de los 114 presidentes de conferencias episcopales de todo el mundo, altos cargos de la Curia vaticana, y presidentes de asociaciones de superiores religiosos, Francisco insistió en que «necesitamos examinar dónde hacen falta acciones concretas de las iglesias locales, de las conferencias episcopales y de nosotros mismos. Eso requiere mirar con sinceridad la situación creada en nuestros países y nuestras propias actuaciones».

En la Sala Regia del Palacio Apostólico, presidida por un gran crucifijo, los 190 participantes en la cumbre antipederastia escucharon de nuevo a varias víctimas y recitaron juntos un «mea culpa»: «Confesamos que obispos, sacerdotes, diáconos y religiosos hemos causado violencia a niños y jóvenes… Confesamos que hemos protegido a los culpables y hemos silenciado a los que han sufrido el mal».

El cardenal Ricardo Blázquez leyó en español los puntos de examen: «¿Cómo ha tratado la Iglesia de mi país a los que han sufrido violencia de poder, de conciencia y sexual? ¿Hemos intentado ayudarlos? ¿He cumplido con mis responsabilidades personales? ¿Se ha ayudado a las familias y a los allegados de los afectados?». Son preguntas que esperan respuesta.

En llamativo contraste con los obispos «negacionistas», el Papa y los presidentes de conferencias episcopales confesaron juntos que «a menudo, nosotros, obispos, no hemos cumplido nuestras responsabilidades». Era una ceremonia sin precedentes en el corazón del Vaticano.

«Seremos sus peores enemigos»

En la tercera jornada de la cumbre, dedicada a la transparencia, el cardenal de Múnich, Reinhard Marx, miembro del consejo de cardenales del Papa, reconoció que demasiadas veces «los expedientes que deberían haber documentado los hechos terribles y los nombres de los responsables fueron destruidos o ni siquiera se crearon». Añadió rotundamente que «en la investigación y proceso por delitos criminales de abuso de menores, el secreto pontifico solo debería aplicarse si hay razones poderosas. Y tal como están las cosas, yo no veo ninguna». No hay razones para que un sumario sea «cien por cien secreto», y permitir que sea parcialmente visible quitará coartadas a los prelados encubridores.

El cardenal Marx insistió en que «no es la transparencia lo que daña la imagen de la Iglesia sino los abusos cometidos y el sucesivo encubrimiento».

A su vez, la religiosa nigeriana Verónica Openibo, invitó con serenidad a los 190 participantes en la cumbre a «reconocer que nuestra mediocridad, hipocresía y complacencia nos han traído a este desgraciado y escandaloso lugar en que nos encontramos como Iglesia».

Pero la intervención más contundente fue la de otra mujer, la periodista mexicana Valentina Alazraki, corresponsal de Televisa y decana de los vaticanistas: «Si ustedes están en contra de los abusadores y encubridores, estamos del mismo lado. Pero si no están radicalmente del lado de los niños y las familias, seremos sus peores enemigos».