PLantación de olivos en Italia afectados por Xylella fastidiosa
PLantación de olivos en Italia afectados por Xylella fastidiosa - Blanca B. Landa
Biodiversidad

El «ébola de olivar» llega a España y se extiende por las Islas Baleares

La Xylella fastidiosa es una bacteria que no tiene cura y que afecta además a numerosos frutales y vides

MadridActualizado:

Una de laspeores pesadillas para los agricultores ha llegado a España, y de momento está ganando la batalla. La Xylella fastidiosa, una bacteria conocida como el «ébola del olivar» -aunque en realidad afecte a cerca de 300 especies vegetales, incluyendo algunas tan importantes para nuestro país como cítricos, almendros, cerezos y vides-, fue detectada el pasado mes de noviembre en Mallorca (Baleares). Inmediatamente se activaron todos los protocolos preventivos -es uno de los principales patógenos de cuarentena en la UE- y se procedió a destruir todas las plantas en 100 metros a la redonda. Pero no ha servido de nada. La semana pasada se localizaba su presencia en árboles fuera de la zona «limpiada», probablemente porque llevaba en la isla más tiempo de lo que se pensaba.

Cuando se detectó en noviembre, se pensó que se controlaría sin problema

«No es nada bueno lo de Baleares», lamenta el secretario de Agricultura de la Unión de Pequeños Agricultores (UPA), Ignacio Senovilla. «Pensábamos que con las medidas que el Ministerio de Agricultura y la Consejería tomaron el pasado 25 de noviembre se había controlado. Pero ahora nos encontramos con un centenar de casos en las islas. Estamos muy preocupados. No nos lo esperábamos para nada», reconoce Senovilla.

La investigadora del Instituto de Agricultura Sostenible del CSIC, Blanca B. Landa, una de las mayores expertas en esta bacteria, que debe su nombre a la dificultad para su cultivo en laboratorio, es tajante: «No hay cura en la actualidad para la Xylella. Cuando entró en Europa en 2013 solo afectó a unos pocos olivos en la región italiana de Gallipoli. Hoy se extiende por otras tres provincias hacia el norte después de haber infectado más de 50.000 hectáreas. Ya está en Córcega, en el sur de Francia y en Alemania, y ahora en Baleares, aunque en cada caso son cepas diferentes».

Parar su expansión

Landa está ahora mismo embarcada en un potente proyecto europeo para el control de esta enfermedad en el que participan 13 países. Además, su equipo en Córdoba trabaja junto al laboratorio de referencia de bacterias fitopatógenas del IVIA en Valencia en la identificación de la subespecie que se extiende por las islas de Mallorca e Ibiza. «Sabemos que en las primeras muestras identificadas está la cepa que afecta al almendro y a la vid, pero se han visto también acebuches (olivos silvestres) y olivos cultivados afectados, lo cuál presenta otras opciones posibles», indica la investigadora.

No hay cura para esta enfermedad que en un año acaba con una plantación

Saber cuál es exactamente la cepa a la que hay que hacer frente es vital, puesto que al no haber aún cura para la enfermedad, la única manera de actuar es evitar su propagación conociendo las especies sensibles a cada cepa. «Se puede parar su extensión si sabemos cuáles son los vectores que lo transmiten y controlamos sus poblaciones. En Italia ha sido el Philaenus spumarius, una pequeña chicharra que se alimenta de la savia de las plantas y al hacerlo inocula a estas la dañina bacteria», señala.

Otra de las líneas de trabajo que están desarrollando los investigadores del grupo de Landa es la identificación de los tipos que son resistentes a la bacteria. «En Italia, las variedades de ogliarola han sido arrasadas, pero las de leccino han aguantado y parecen tolerantes. Por eso estamos volcados en estudiarlo. La normativa europea prohíbe por el momento plantar especies susceptibles en las zonas afectadas. Y eso implica cambiar la forma de vida de regiones enteras. Si identificamos qué variedades son resistentes, estas sí se podrían plantar y el impacto socioeconómico no sería tan brutal para los habitantes de las zonas afectadas», asegura Landa.

Philaenus spumarius, el principal vector de X. fastidiosa en la region de Apulia (Italia)
Philaenus spumarius, el principal vector de X. fastidiosa en la region de Apulia (Italia) - CSIC

La progresión de la enfermedad es muy rápida y en un año puede acabar con una plantación entera. Según advierte el propio Ministerio de Agricultura, «provoca un decaimiento rápido y generalizado de la planta, produciéndose en los casos más graves, la seca de las hojas y ramas, y finalmente la muerte de toda la planta». Por eso preocupa mucho a los agricultores.

«El sector de los frutales parecía que levantaba ya la cabeza después del varapalo del veto de Rusia. La ola de frío que ha golpeado al centro de Europa era una buena oportunidad para dar más salida a nuestros productos. Y ahora nos viene esto. Si salta de Mallorca a la Península podríamos tener problemas con las exportaciones», aventura Senovilla.

No hay riesgo en la fruta

Afortunadamente, no se ha podido demostrar que la enfermedad se transmita a través de la fruta recogida. Por lo que no hay riesgo con su comercialización. Otra cosa es el material vegetal destinado a plantación. Y así lo indica la orden ministerial publicada este pasado sábado en el BOE, en la que se prohíbe «la salida de la comunidad Autónoma de Islas Baleares, de todos los vegetales para la plantación, excepto semillas, pertenecientes a los géneros o especies que se enumeran en el anexo». Y en el anexo se enumeran 215 especies. Desde el olivo, hasta los ficus, pasando por melocotoneros, cerezos, ciruelos, limones, mandarinos, naranjos... Un «embargo» que, en cualquier caso, no blindaría a la Península totalmente contra la entrada de esta bacteria.

«Solo de Costa Rica, el año pasado entraron en España 35 millones de toneladas de material vegetal, sobre todo ornamental, y hace unos meses, de casualidad, se detectó en unos geranios importados desde México. ¿Cómo garantizamos que todo entre libre de la bacteria?», se pregunta Landa. Y ella es de las personas que más respuestas tienen en Europa para esta pesadilla de los agricultores.