COMENTARIOS REALES

Rockeros y flamencos

El flamenco requiere tanta disciplina, didáctica, técnica y estudio como cualquier carrera de grado superior

Fernando Iwasaki
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Hace una semana se graduó la primera promoción de la especialidad de «Rock, Tendencias y Músicas Urbanas» en la Escuela Superior de Música Jam Session en Barcelona y no he podido dejar de recordar que en el País Vasco existe un grado en Cocina y Gastronomía, que en Valencia cuentan con otro grado en Heladería Artesanal y que en Madrid se acaba de crear un grado universitario para llegar a ser un «Influencer». Me bastan esos tres ejemplos para preguntarme una vez más por qué en Andalucía ninguna universidad ha conseguido crear un grado en Flamenco. No hablo de una maestría o de un doctorado, sino de un grado a secas que permita captar alumnos egresados de nuestros conservatorios o simplemente a jóvenes talentosos a quienes la opción de estudiar flamenco los libre del abandono escolar.

La idea de que el flamenco se lleva en la sangre o que es consecuencia de los espontáneos arrebatos de la inspiración le ha hecho mucho daño a una expresión artística que requiere tanta disciplina, didáctica, técnica y estudio como cualquier carrera de grado superior. ¿Acaso los únicos artistas bohemios son los flamencos? Una cosa es ser bohemio y otra muy distinta ser profesional de una expresión artística. Pensemos en los deportistas. ¿Cómo eran los futbolistas hace 40 años? Quienes se cuidaban eran una extravagante minoría, pero hoy la mayoría son atletas exigentes y disciplinados. Pues los flamencos no tienen nada que envidiarle a los futbolistas ni —por cierto— a los rockeros.

Desde hace años se ha entronizado en nuestra secundaria la pésima costumbre de ningunear a las asignaturas de arte y humanidades, como si se tratara de hobbies inútiles para la formación personal. Sin embargo, saber música prepara a los niños para la comprensión de las matemáticas, leer y escribir mejora las competencias comunicativas y la creación plástica consolida el dominio manual que nos permite gestionar volúmenes, espacios y magnitudes. Si tales materias no fueran arrinconadas como las cenicientas de los planes de estudio, la alta exigencia en artes y letras colmaría las aptitudes de nuestro educando y los futuros artistas serían tan exigentes como cualquier científico en agraz.

¿Cuántas veces hemos leído reportajes asombrosos acerca de la disciplina y competitividad de los estudiantes asiáticos? Pues el puesto número uno de la selectividad del Conservatorio Superior de Córdoba en la especialidad de Guitarra Flamenca lo ha obtenido Can Wang, un ingeniero medioambiental chino que ha renunciado tanto a la China como al medioambiente por la guitarra flamenca. ¿Qué quiere decir que un tocaor chino haya tenido una nota superior a la de todos los andaluces que se presentaron a la selectividad del conservatorio de Córdoba? Quiere decir que el flamenco ni se lleva en la sangre ni es consecuencia de espontáneos arrebatos de la inspiración.

La presidenta de la Junta anuncia un Plan Estratégico para el flamenco con énfasis en la educación. Si el plan contempla el ámbito universitario sería para celebrarlo.

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