Rueda de prensa de Mariano Rajoy en La Moncloa tras presentarse la moción de censura del PSOE
Rueda de prensa de Mariano Rajoy en La Moncloa tras presentarse la moción de censura del PSOE - EP
EL RECUADRO

Puñalá de censura

¿Ha inventado Sánchez la defensa de la Constitución con los votos de los que quieren destruir la Constitución?

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Una puñalada no es lo mismo que una puñalá. Una puñalá hace más daño todavía. Suena incluso a maldición gitana: «Malas puñalás te den». A Rajoy se las han dado. No sé cómo cuando compareció en el saloncito de prensa de La Moncloa, como las balas, cual fuerza de intervención inmediata, poco después de que Sánchez, el malvado Sánchez, anunciara su moción de censura sin reunir a su ejecutiva ni nada, a pelo... No sé cómo cuando Rajoy compareció para largar contra Sánchez no lo enfocaron las cámaras por la espalda. Seguro que todavía tenía clavado el puñal de la traición, sin necesidad de «¿tu quoque?» ni de escenario del Teatro Romano de Mérida.

Horas antes de presentar la puñalá de censura, a Pedro Sánchez parecía que le había dado un repentino ataque de españolismo y del tan necesario patriotismo de izquierda que reclamaba el otro día alguien tan poco sospechoso como Alfonso Guerra. Andaba Sánchez tan constitucional y defensor de la unidad de la Patria, tan en plan «banderita tú eres roja» frente al separatismo catalán, que hasta parecía que había adelantado por la derecha no digo a Ciudadanos, sino a Vox. Mostraba su satisfacción por la estabilidad y porque Rajoy, por fin, hubiera logrado sacar los presupuestos adelante en el Congreso, aunque nos hubieran costado un congo a todos los españoles. Congo pagado al PNV por sus cinco votos, que eso sí que es una manita y no las que marcan de vez en cuando el Real Madrid o el Barsa. ¡Menudas manitas sigue marcando el PNV con sus cinco socorridos votos en el Congreso de los Diputados!

España, durante unas horas, fue una tierra de estabilidad y Rajoy, un dechado de felicidad, conseguidos sus objetivos. Si poco dura la alegría en casa del pobre, menos en La Moncloa cuando tienes pendiente la sentencia de la Gurtel, una de las siete u ocho mil sentencias de la Gurtel que guardan cola como en un ambulatorio. Sentenciazo de la Gurtel, gordo. Ustedes mismos pueden echar las cuentas: siendo «una manada» una unidad de medida de condena a prisión, nueve años de cárcel, ¿cuantas manadas les han caído a Bárcenas, a Correa «et alii manganti»? Y la credibilidad de Rajoy, puesta en duda en el sentido de que no se tragan que fuera un señor que pasaba por allí. No, es un señor al que Sánchez quiere echar. A cualquier precio. Bueno, a cualquier precio, no: su puñalá de censura ya nos lleva costado en la Bolsa casi 5.000 millones, dicen, y la prima de riesgo, que andaba tan tranquilita en los 92, se ha disparado a los 106, como un cohete rociero.

Sánchez ha pedido que confiemos en su palabra. ¿En qué palabra? ¿En cuál de las 365 palabras distintas que tiene a lo largo del año, una para cada día? Con su puñalá de censura, aparte de echar a Rajoy, que es de lo que se trata, el clásico y español «quítate tú para ponerme yo», intenta algo tan insólito como la cuadratura del círculo. Dice: «Se trata de una moción de censura para defender la Constitución. Mi gobierno cumplirá y hará cumplir la Constitución, defenderá la soberanía nacional y no se saldrá un ápice de lo que ha sido su última posición respecto a Cataluña». Esto es lo más grande del mundo. ¿Cómo logrará Sánchez aprobar una moción de censura para defender la Constitución apoyándose precisamente en los votos de los que se la saltan a la torera, de los que la incumplen y se limpian en sus cortinas, como los partidos independentistas catalanes o Bildu, sin los que los números no pueden salirle, dada la abstención de Ciudadanos? ¿Ha inventado Sánchez con esta puñalá de censura la tortilla de patatas sin patatas o, en la moda «sin» que nos invade, la defensa de la Constitución con los votos de los que quieren cargarse la Constitución en cuanto de España, que es su objetivo a destruir? Sí ha logrado ya Sánchez una cosa: que no haya que decir: «¡Rajoy, que es pá hoy!». Está visto que para que reaccione pronto tienen que pegarle una puñalá como la de Sánchez. Trapera y con los amiguitos de Trapero.