EL RECUADRO

Los influencers

Arriola, ese sí que es un «influencer» para que el PP y Rajoy se pongan de perfil

Antonio Burgos
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Yo conocía hasta ahora a los influyentes, a los que tenían fuerza moral e ideológica en nuestra sociedad, o, más picarescamente, a los aguilillas que se bandean divinamente en el bosque de la burocracia:

—¿Que no puedes arreglar lo de tu PAC en Agricultura? Déjalo de mi cuenta, que se lo voy a decir a Gómez, que tiene allí muchísima influencia.

Al influyente se recurría para recomendaciones y chanchulletes. El juicio oral en curso sobre los falsos ERE de Andalucía es como un pase de modelos de influyentes por el banquillo, por mucho que ahora todos nieguen que tuvieran la menor influencia. Todos, en un momento de nuestra vida, hemos sido afluentes de los influyentes, y que levante la mano quien no se haya aprovechado de ellos, muchas veces previo pago de su importe. Influyentes los había y los hay en todos los ámbitos. El famoso Ronquillo del Tendido 7 de Las Ventas era un influyente para que se sacaran pañuelos verdes y echaran al corral toros presuntamente cojos. En la plaza de Sevilla los influyentes están en las barreras de sombra, en los tendidos que huelen a buenos vegueros, donde se levantan y destruyen los mitos de la torería o de los hierros bravos. Y en el fútbol, nada digo de lo influyentes que son ciertos comentaristas radiofónicos, que ponen y quitan alineaciones más que algunos presidentes, que ya es decir.

Pero los influyentes han pasado a la historia. Ahora los que dicen que mandan son los influyentes, pero en inglés, que queda más fino y misterioso: los «influencers». ¿Son los «influencers» los mismos que los influyentes y en iguales materias? No. Un influyente, por ejemplo, te puede solucionar un problema de préstamo con el Santander, porque tiene mucha mano con Ana Botín. Pero, ay, no es un «influencer», que es lo que se lleva. Que son los que dictan e imponen las tendencias, como ahora se les llama a las modas. A mí esto de los «influencers», empero, me parece más antiguo que el hilo negro. En la moda y en el comercio siempre ha habido «influencers», y el principal de ellos, la publicidad. Aquella publicidad en verso, una maravilla. ¿No era acaso un «influencer» de mucho cuidado el que inventó el pareado de «para el otoño madrileño, gabardinas Butragueño»? ¿Y dónde me dejan el anuncio de Radio Sevilla: «Niñas, jovencitas, Calzados Garach imponen la moda». Lo que ocurría es que ni el señor Butragueño ni don Primitivo Garach sabían que eran «influencers», que imponían modas y tendencias. Ni se daban tanto cuento. Manejaban lo más parecido a las redes sociales en su época, que era la radio, llena de estos anuncios en verso tan divertidos.

A los influyentes en la moda los conocíamos, pero ahora estamos en manos de unos «influencers» que muchos no tenemos el gusto de conocer. Busco una lista de las diez «top ten» de las «influencers» en España y me salen unos nombres que para mí son chino: Cindy Kimberly, Aida Domenech, Alexandra Pereira, Jessica Goicoechea, María Pombo... Tienen en internet un «blog» desde donde, como Garach, «imponen la moda». Y en Instagram, que es su fuerte, la que menos tiene casi un millón de seguidores. Pues no tenía el gusto de conocer a ninguna de estas señoras. Otras de la serie, como Paula Echevarría, Cristina Pedroche o Sara Carbonero sí me suenan. ¿De qué? De eso; de que suenan. Pero si me preguntan por sus obras completas, antes sabría decirles las de Góngora que las suyas. Ah, y el principal «influencer» que nadie nombra: Arriola, el marido de ese archivo de cortesía (¡tararí!) que es Celia Villalobos. Ese sí que es un «influencer» para que el PP y Rajoy se pongan de perfil y gobiernen contra sus votantes. No es «influencer» con blog: manda tela, que es mucho más peligroso. Creo que en Ciudadanos están preparando ya un homenaje nacional a Arriola, por cómo está llevando al PP al desastre del éxodo de votantes a sus filas.

Antonio BurgosAntonio BurgosArticulista de OpiniónAntonio Burgos