EL RECUADRO

Histórica Tablada

Tablada fue para la Historia de la Aeronáutica lo que Cabo Kennedy para la carrera espacial

Antonio Burgos
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El 1 de abril de 1990, Amalia Fernández Lérida publicaba en ABC una información que titulaba: «Ochenta años después del primer vuelo, ayer se suspendieron las actividades aéreas en Tablada». El cierre del histórico aeródromo militar fue uno de los muchos «daños colaterales» de la Expo, como el desmontaje de su vecino «Puente de Hierro», dedicado a Alfonso XIII, Rey que tanto hizo por Sevilla. Donde tras ese desguace se ha quedado sin más recuerdo que el nombre de un hotel: ni puente, ni avenida, ni plaza, ni calle, ni nada. La construcción de la SE-30 dejó a las pistas de aterrizaja del aeródromo de Tablada aisladas del edificio histórico, de sus hangares, su Maestranza Aérea o su acuartelamiento, donde tantos sevillanos por cierto sirvieron a la Patria como soldados voluntarios de Aviación, tras hacer la instrucción en El Copero.

Milagrosamente, en su política de hacer dinero con la venta de sus propiedades y cuarteles, en una auténtica «desamortización militar» que tiene a los Cuarteles de Pineda hechos una pena, el Ministerio de Defensa mantiene en pie y con actividad las instalaciones de esta Tablada que es parte de la historia de Sevilla, de España y de la aeronáutica. Aunque Tablada es ahora un aeródromo sin aviones, algo tan absurdo como sería una corrida de toros sin toro, suprimida la Región Aérea del Estrecho, de cuya jefatura era cabecera, allí radica ahora el Dirección de Enseñanza del Mando de Personal del Ejército del Aire, el Grupo Móvil de Control Aéreo (GRUMOCA), la Maestranza Aérea de Sevilla (MAESE) y otras unidades que conforman el Acuartelamiento Aéreo de Tablada. Y lo mismo que Amalia Fernández Lérida puso en 1990 aquel titular sobre la muerte de la Base Aérea que en 1923 habían inaugurado Don Alfonso XIII y Doña Victoria Eugenia, yo ahora podría escribir otro, gozoso, que dijera: «Con la inauguración de su Sala Histórica, Tablada certifica y destaca su importancia en el origen mundial de la Aeronáutica».

La Dehesa de Tablada había sido cerrado de toros bravos, hipódromo, club de tiro de pichón y de tenis, hasta que a un moderno de su época como el alcalde Conde de Halcón, el «alcalde Palanqueta», se le ocurrió en 1910 organizar allí la Semana de la Aviación, y los sevillanos pudieron ver los primeros vuelos de aquellos locos en sus viejos cacharros. Así nació el uso aeronáutico de Tablada, que jugó un papel fundamental en la historia de la Aviación. Lo mismo que fue la carrera espacial para poner a un hombre en la Luna, hubo antes una carrera aeronáutica, llena de desafíos con recorridos increíbles y arriesgados de los viejos aeroplanos sobre mares y continentes. En este punto, Tablada fue para la Historia de la Aeronáutica lo que Cabo Kennedy para los comienzos de la carrera espacial. De este aeródromo militar partieron, entre otros, los vuelos de las grandes gestas transoceánicas del «Jesús del Gran Poder» de Jiménez e Iglesias, o del malogrado «Cuatro Vientos» de Barberán y Collar. Apellidos que junto a los de Ramón Franco, Ruiz de Alda, Durán y Rada con el «Plus Ultra» formaron toda una mitología popular de héroes de la Aviación.

Tablada fue también germen de la Aviación Civil, y allí empezaron a operar los aviones de la LAPE (Líneas Aéreas Postales Españoles), origen de la compañía Iberia. Y durante la guerra civil, allí se inventó el primer puente aéreo militar de la Historia: más de 13.000 legionarios y regulares del Ejército de África aterrizaron en los vuelos que llegaron a Tablada. Historia de Tablada que ha sido estudiada por los generales Luis Serrano de Pablo o Fernando de Querol Muller y por el coronel José F. Clemente Esquerdo. Esa historia, la grandeza de esas gestas, queda ahora didácticamente explicada en la Sala Histórica que con tanta ilusión ha inaugurado el coronel don Julio Serrano Carranza, jefe del Acuartelamiento Aéreo. Les animo, pues, a que visiten este museíllo sobre la importancia de Tablada en los vuelos de las «alas gloriosas de España», para que como sevillanos sientan, como cantan los aviadores en su himno pemaniano, «la gloria infinita de ser español».

Antonio BurgosAntonio BurgosArticulista de OpiniónAntonio Burgos