LA TRIBU

La conciencia

Si la hizo y no la pagó, el gusanillo de la conciencia se encargará de fastidiarle la vida

Antonio García Barbeito
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No sé si eran estos versos u otros, pero cuando los leí me llegaron al alma, o, mejor, a la conciencia, por alguna trastada que yo hubiera hecho ese día o varios días atrás: «Ayer, mamita, / sin que me vieran, / cogí un rosquillo / de la despensa, / y en el instante / mi mano tiembla: / ¿quién de este susto / la causa era? El gusanillo de la conciencia.» Mi madre también avisaba, barrenaba: «Ya te remorderá la conciencia…», «El gusanillo de la conciencia no te dejará dormir.» En ese momento, se me hacía acíbar la miel de la torrija cogida sin permiso, o las almendras cazadas en la despensa de mi tía, o el pico del bollo en la canasta de la panadería, al pasar…

Nadie escapa al gusanillo de la conciencia, nadie. Usted podrá ser multimillonario en euros, y tener poder o amigos con poder y muchísima influencia, o cercanía con quienes son peritos en tapar culpas de personas de cierto nivel —o desnivel— social; usted habrá tenido la suerte —o, previo pago de su importe, el dinero— de salir indemne de un delito que cometió, y lo sabe, pero por más algarabía que se forme a su alrededor, por mucho que aireen su inocencia, por mucho que canten, a sueldo de otros favores, lo santo o lo santa que es usted, cuando se quede a solas consigo, no habrá engaño posible, y el gusanillo de la conciencia barrenará su sueño o su insomnio, su soledad o su vida social, su trabajo, su ocio, su vida, en fin, y ese gusanillo le roerá, le roerá, hasta dejarlo acorralado en su culpa desnuda ante el espejo de la verdad a solas, ese espejo que no deforma imágenes, ni las falsea, ni las esconde, ni las soborna. El gusanillo de la conciencia barrenará si usted engañó a alguien que no se enteró del engaño o que no le ha pasado factura por ese engaño; o si usted movió oscuramente su mano para cerrarle a alguien una puerta, una oportunidad, o simplemente una verdad que a usted le molestaba. Le roerá la conciencia el gusanillo. No le valen para salvarse ni la frivolidad, ni el cinismo, ni la maldad travestida de ceremonia de santo, ni la falsa risita y las buenas palabritas, ni la vasta cobardía. Si la hizo y no la pagó, el gusanillo de la conciencia se encargará de fastidiarle la vida. Si usted es un ladrón que se escapó, un acosador de indefensos —sean menores o no— que supo esconderse tras las cortinas de su cobarde maldad, si puso una firma invisible para hacer un daño, o susurró una conveniente frase para cargarse a alguien, usted, por más que crea que está libre de todo porque nadie puede demostrar nada, se equivoca: usted no escapará de su conciencia. Y eso debe de ser espantoso, ¿a que sí?

Antonio García BarbeitoAntonio García BarbeitoArticulista de OpiniónAntonio García Barbeito