Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno
OPINIÓN

Usted primero señora

"Sabemos cómo funcionan los hombres", dice la ministra. Y no entiendo qué quiere decir. Será porque soy hombre.

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Tema peliagudo. El del feminismo. A la que te descuides, te acusan de cualquier majadería. No ya por lo que digas, sino simplemente por un gesto. Hace muy poco, una mujer me argumentaba que ella no está dispuesta a que nadie la deje pasar primero en el ascensor por el hecho de ser mujer. Esta señora –no tan joven ya, preparada, profesional, madre de dos hijos– lo decía absolutamente convencida. Está harta, dice, de lo que entiende como una falsa educación tras la que se esconde un rancio heteropatriarcado. O algo así. Perfecto. Absolutamente respetable. Si algún día hemos de subir juntos a una quinta planta, me adelantaré de un salto, no sea que se sienta ofendida. El problema es que si, llegado el caso, hay otras mujeres esperando, tendré que decidir en milésimas de segundo qué hacer. Si dejar pasar a las dos, a ninguna o solo a la segunda. Quizá la deje a ella nada más, por fastidiar. Porque puede que su derecho a no querer pasar delante choque frontalmente con el mío a ejercer la educación que recibí y podríamos entrar en un bucle eterno en el que ella da un paso atrás, luego yo, luego ella, después otra vez yo y así hasta que el ascensor se cierra y sube vacío porque alguien lo ha llamado desde el tercero. Un lío.

Y un ejemplo absurdo. Pero no más que la situación a la que nos están llevando unas cuantas señoras con su radicalismo. Las mismas que utilizan la desgracia vivida en primera persona por una joven como la víctima de la manada para lanzar sus mensajes populistas. Mezclando las cosas. Creando confusión. Trasladando a la opinión pública una imagen de los hombres –en general– absolutamente injusta, como todo lo que proviene de cualquier extremismo radical. Todos, y todas, estamos de acuerdo en que las mujeres aún deben seguir conquistando derechos que ya deberían ser rutina: conciliación, mayor presencia en puestos de alta responsabilidad para acabar con la brecha salarial... y en eso estamos todos. Hombres y mujeres. Pero de ahí a querer trasladar el asunto a todos los ámbitos dista un mundo. Me da la sensación de que una minoría de mujeres –a base de prejuicios e ideología radical– quieren meter en el mismo saco a los cinco indeseables de San Fermín y a uno que una vez le dijo guapa a una joven por la calle. A los cobardes que agreden a mujeres y a los que ceden el sitio en el autobús.

«Sabemos cómo funcionan los hombres», Carmen Calvo dixit. Toda una vicepresidenta del Gobierno. ¿Qué quiere decir con eso? ¿Qué mensaje pretende trasladar a la opinión pública desde su privilegiadísima atalaya? En serio, no alcanzo a entenderlo. Será porque soy hombre. Pero me da la sensación que lo único que hace es confundir. Meternos a todos en ese mismo saco. Y es injusto, insisto. Tanto como lo que ella dice combatir. Pero mejor parar, que esto del feminismo es tema delicado. Y a la que te descuides te acusan de cualquier majadería.