OPINIÓN

Una prohibición necesaria

Declarar ilegales las narcolanchas pondrá las cosas más difíciles a los traficantes y permitirá a los agentes bloquear sus acciones por mar

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En el Campo de Gibraltar se vive, desde hace años, una guerra. Una sucesión de batallas que en ocasiones deja sólo magulladuras y, en demasiadas jornadas, algún muerto. Se trata de la lucha sin cuartel que mantienen las Fuerzas de Seguridad del Estado y los narcotraficantes. Si lo prefiere, se puede plantear como la contienda entre los defensores de la ley, los guardianes de que se cumplan las normas que nos damos como sociedad, y quienes se enriquecen a base de saltárselas sin importarles las consecuencias. Tabaco, droga o personas... todo vale para quienes trafican en el Campo de Gibraltar.

Como en todas las guerras, para ganar las batallas hay que desarmar al enemigo. En el caso de los narcos, su herramienta más preciada, la excálibur que les permite gobernar los 14 kilómetros que separan Europa de África, son las narcolanchas, las embarcaciones semirrígidas que superan con mucho la capacidad de los agentes. Desproveerlos de ese veloz vehículo será asestarles un golpe en la línea de flotación y permitirá a la Guardia Civil darles caza uno a uno.

La ley para regular este tipo de lanchas fue impulsada por el Gobierno de Zoido y Grande-Marlaska ha recogido el guante. El propio Ministerio del Interior ha reconocido que el marco legal para hacerlo no es sencillo, pues hay que limitar y controlar el uso de una herramienta que, como si de un cuchillo se tratara, no tiene más maldad que la de la mano que la guía. Pero también es consciente de que las 230 incautaciones de semirrígidas en lo que va de año son la prueba más plamaria de que detrás de su posesión está la idea de delinquir.

Los sindicatos policiales lo llevan advirtiendo desde hace meses. Si se quiere ganar al narco hay que anticiparse a sus movimientos, desbaratarle los planes e impedirle que se mueva. Las medidas contundentes son las que han hecho posible que las incautaciones sean cada vez mayores y que se sienta más incómodo en el arco de la Bahía de Algeciras. Hay que ir dos pasos por delante de ellos porque, en esta batalla contra la droga, es toda la sociedad la que lucha.