OPINIÓN

Política insultante

El debate local cae con demasiada facilidad en las acusaciones e insinuaciones personales

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En política, en comunidad, como en casi todo, los matices son esenciales. El acierto, lo conveniente, y lo ridículo están separados por una línea finísima que todos pisamos alguna vez. Es una cuestión de límites y grados, de dosis. Ya decían los clásicos que lo que distingue –por ejemplo– la medicina de la droga y el veneno es la cantidad de producto utilizado. En Cádiz –más que en otros lugares aunque no es el único en la era de la ira política y la indignación sistemática– el debate político sufre una sobredosis de inquina y rabia hace tiempo, en la que las acusaciones personales o las insinuaciones sobre las presuntas debilidades del oponente (enemigo en este caso) son frecuentes. Ayer