OPINIÓN

Pedro Sánchez es la bomba

Vagos, conflictivos... y ahora responsables casi directos de la próxima masacre de niños que se produzca en Yemen. Quiera o no quiera Pedro Sánchez, eso pensará todo aquel que viera la entrevista

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Desde hace hoy justo una semana, siete días con sus siete noches, vivo sin vivir en mí. Tampoco es que muera porque no muero, como escribió Santa Teresa de Jesús, pero sí que ando aún impactado tras la entrevista que tuvimos la oportunidad de ver el domingo pasado en La Sexta a nuestro presidente del Gobierno. La seguí con verdadera atención.

A mi modo de ver, el género entrevista es el más atractivo del periodismo. Más si es televisada y puedes ver la cara del entrevistado, sus tonos, sus pausas, su lenguaje corporal... Tenía mucho interés en ver y en escuchar a Pedro Sánchez tras las exclusivas de ABC sobre su doctorado. A ver por dónde salía. Pero lo que al final me impactó, de verdad se lo digo, fue el tema de las corbetas de Navantia. Oír de boca del presidente de tu Gobierno que se han entregado 400 bombas de alta precisión a Arabia Saudí única y exclusivamente porque había que proteger 6.000 puestos de trabajo en la Bahía de Cádiz es tremendamente injusto. Por más que fuera un asunto recurrente, del que llevamos mucho tiempo hablando todos, no es lo mismo oírlo en boca de tu líder supremo. Sobre todo porque además es mentira. Y es pegarnos a los gaditanos otra etiqueta en la espalda, como si no tuviésemos bastantes ya.

Vagos, conflictivos... y ahora responsables casi directos de la próxima masacre de niños que se produzca en Yemen. Quiera o no quiera Pedro Sánchez, eso pensará todo aquel que viera la entrevista. No tenemos ni idea de en qué parte de España se fabrican esas bombas, que digo yo que también darán trabajo a alguien. Pero sólo se habló de la Bahía de Cádiz. Por culpa de los flojos de los gaditanos, no tenemos más remedio que hacer de tripas corazón e ir vendiendo bombas por ahí. Me tocó la fibra, la verdad. O quizá otra zona de mi cuerpo, metafóricamente hablando.

Mientras Ana Pastor seguía entrevistándole sobre otros asuntos, me quedé reflexionando sobre esto que les cuento, sobre la desgracia que es ser pobre en casa del pobre, sobre esa sensación de que por el hecho de ser de Cádiz parece que mendigaras. Parecemos el hermano pequeño de la familia España, el bala perdida, el que no ha querido hacer nada en la vida, solo vivirla sin oficio ni beneficio y hay que andar salvando siempre, porque despierta tanto cabreo como ternura. Pobrecito.

En esas estaba cuando de repente el asunto de los diésel me devolvió a la entrevista. Por lo visto, hace algo más de un año, el día que fui al concesionario y me compré un diésel me convertí también en responsable directo de la muerte de 30.000 españoles al año. Nada más y nada menos. Yo, que no entiendo ni papa de coches, pensaba que simplemente estaba haciendo una buena inversión. Que a la larga me ahorraría un dinero en gasolina. Pero resulta que no, que 30.000 compatriotas, sangre de mi sangre, han fallecido por mi culpa. Y mi castigo, en vista de que todos los que tenemos un diésel no cabemos en las cárceles, es que nos va a subir los impuestos.

Entonces, ahí ya sí, me dije a mí mismo: este señor, por muy presidente que sea, sólo dice sandeces. Se dedica a huir hacia adelante, sin buscar las verdaderas causas de los problemas ni soluciones inteligentes, como correspondería a un político de verdadera altura. Y ya me quedé esperando a la única preguntaba que de verdad me interesaba. ¿Cuándo dijo usted que va a convocar elecciones?

Ignacio MorenoIgnacio MorenoDirectorIgnacio Moreno