OPINIÓN

Pasear

Los vehículos privados dificultan la tranquilidad de los viandantes

Julio Malo
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Una ciudad solo se disfruta con las suelas de los zapatos, no a través de neumáticos; la convivencia de sus moradores se teje mediante cruces entre múltiples paseos. Sin embargo, en las pequeñas calles de muchos barrios céntricos, el paseante se enfrenta a su peor enemigo, el coche. En efecto, los vehículos privados dificultan la tranquilidad de los viandantes, ponen en peligro sus vidas, malgastan el tiempo de sus propios usuarios, y perjudican seriamente la salud de todos, mediante ruidos y gases tóxicos que envenenan el espacio.

El automóvil que fue en su tiempo un instrumento de libertad, ya ha degenerado en una prótesis que en el medio urbano atenta contra la salud y la calidad de vida.

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