OPINIÓN

Luis Castro, la bondad infinita

A veces hablar con él resultaba abrumador; uno se sentía pequeño ante un corazón tan inmenso

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Bondad. ¿Habrá palabra más hermosa? ¿Alegría quizá? ¿Amor? ¿Amistad? ¿Gentileza? ¿Honestidad? Cualquiera de ellas refleja a la perfección lo que fue el Padre Luis Castro. Elija una y encajará a la perfección en la definición de lo que han sido sus 93 años de pertenencia a este mundo. Nueve efímeras décadas en las que se ganó la eternidad –ahora que nos ha dejado– de una forma tan sencilla, tan natural, que llegaba a ser abrumadura. Su humildad era tal que a veces uno se sentía diminuto cuando estaba con él. Y eso que era pequeño de cuerpo. Pero tan inmenso de alma. Eterna sonrisa. Increíble sentido del humor. Su bonhomía fue mucho más allá del hecho de dedicarse al sacerdocio.