Gutiérrez y el horror de buscar piso

La mayor parte de los pisos que estaban libres eran para alquilar durante el verano

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Durante los meses de julio y agosto, a modo de divertimento, retomo la vieja costumbre en prensa de emplear la columna de opinión como solaz literario. Cualquier parecido de los hechos con la realidad es pura coincidencia.

En el transcurso de sus primeros meses en la ciudad, el inspector había tenido que resolver unos cuantos casos. Estaba lo del perro de doña Esther Píscore, que decía que se lo había robado la vecina del segundo. Como el perro fuera de porcelana, haber llevado el lector de chips fue una pérdida de tiempo. La mera presencia del uniforme hizo que la ladrona confesara. «Más hace el lobo callando que el perro ladrando... aunque sea de porcelana», rió estentóreamente Martín. A Gutiérrez,