El éxito

Soy de aquellos que opinan que al llegar a casa de unos amigos como invitado para comer hay que llamar a su puerta con los pies, las manos deberíamos llevarlas siempre ocupadas con algún presente

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Soy de aquellos que opinan que al llegar a casa de unos amigos como invitado para comer hay que llamar a su puerta con los pies, las manos deberíamos llevarlas siempre ocupadas con algún presente. El agradecimiento es un acto de bien nacidos pero si además lo hacemos con alguna forma de regalo lo refuerzas positivamente. El día que dejes aparcada esa emoción de gratitud o que no sientas de forma natural las ganas de devolver esa entrega altruista de los demás, tienes que comenzar a plantearte que tienes un gran problema.

Cuando todo va sobre ruedas nos solemos volcar en cualquier tipo de proyecto, sea personal, laboral o de entretenimiento. Mientras todo vaya transcurriendo por etapas brillantes de resultados exitosos, el pasaje para lograrlo será balsámico y el emprendimiento de nuevos proyectos se acogerá con tanta ilusión como el primero. Las relaciones humanas son tan tornadizas como los vientos. Hay tantas variables como sentimientos. Pocos son los elegidos que continúan leales hasta el final protegiendo algún designio que por causas ajenas fueron menguando con el tiempo. Tendemos a abandonar el barco. Algunos como ratas por las estachas, otros como caballeros por el portalón y a muchos es necesario empujarlos por la borda. De una manera más o menos elegante las personas eligen el camino más fácil y beneficioso a su parecer, pero pocos son los que dejan de lado su interés particular para entregarlo de pleno a la causa. En carnaval pasa igual. Tanto triunfas tanto vales. Cuantos más premiado seas más suave será el empedrado. Todo es llevado a la visión del prisma utilizado. Los grupos de carnaval están sujetos a su vez por diversos sostenes y pilares. Unos se mantienen unidos por el éxito, otros por amistad, a veces por el carácter de su líder o por la constancia de un subgrupo fijo y fuerte que sujeta a los demás, otras veces por la ilusión de una idea que fascina a todos y en la mayoría de los casos por la afición y las ganas de divertirse. Los cimientos de los grupos por consiguiente se resquebrajan de muchas maneras. El momento emocional de sus autores es una de las grandes rendijas por donde suele agrietarse el grupo. Otra filtración que irrumpe como una enredadera por entre los pilares de las agrupaciones es la vanidad. Alumnos que aprenden rápido del maestro y pasan de haber sido durante años grandes amigos y colaboradores a emprender una carrera individual a la cual se han visto forzados, a veces por el engreimiento del líder o por el propio ego. En muchas de estas situaciones suele explosionar una revolución que lleva adjunta casi siempre una especie de motín por parte de alguno de los bandos. Cuando lo ejecuta el autor hacia su propio grupo hay poco que discutir, es dueño de su obra y por consiguiente de elegir a los pintores y el color que quiera pintarrajear su casa. Cuando viene por parte de los mismos componentes la cuestión es otra. La vanidad de alguno de ellos, la falta de agradecimientos de su autor, el aburrimiento, la permisividad, las discusiones, la falta de compromiso de alguna parte del grupo o el ansia de ganar siempre podrían ser alguno de ellos, seguro que hay más, pero casi siempre el clima empieza a nublarse cuando no se cumplen las expectativas de éxito.

En las victorias nuestro corazón parece que canta, de las derrotas nuestro corazón debe de aprender.