OPINIÓN

La caza de brujos

Es bueno saber, por el comentario de la vicepresidenta que, en lo de conocer el funcionamiento de mujeres y hombres

Felicidad Rodríguez
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Vaya por delante que el peso de la ley debe caer, con todas sus consecuencias, sobre todos los que agredan a una mujer. Otra cosa es la histeria colectiva que se está instaurando. Parece que hay una regresión inquisitorial a la caza de brujas; ahora, de brujos. Y todos los hombres lo son hasta que no se demuestre lo contrario. Dice la vicepresidenta del gobierno que sabemos cómo funcionan los hombres pero que desconoce si los hombres saben como lo hacen las mujeres. Debo reconocer que yo desconozco tanto lo uno como lo otro; posiblemente ello se deba a que no conozco ni a todos los hombres ni a todas las mujeres, por lo que la muestra sobre la que pudiera sacar alguna conclusión es necesariamente pequeña. No obstante, constato que la mayoría de las personas, de ambos grupos, es buena gente, aunque supongo que esa constatación no es estadísticamente significativa para poder generalizar. Sin embargo, quiero creer que, aunque en la especie humana haya de todo como en botica, todos somos medianamente aceptables y, en cualquier caso, inocentes a priori. Es bueno saber, por el comentario de la vicepresidenta que, en lo de conocer el funcionamiento de mujeres y hombres, se ha avanzado mucho en el caso de estos últimos, conocimiento derivado de que a nuestro cerebro solo llegan “imágenes masculinas” por nuestro deficitario uso de la lengua. Así que toca cambiar la Constitución para implantar el lenguaje “verdadero”, de manera que todos conoceremos mejor a las mujeres porque nos llegarán “imágenes femeninas”. Claro que, bajo esa perspectiva, se corre el riesgo de terminar conociendo peor al “enemigo”, siempre y cuando se acepte que “el otro” es el enemigo. Yo creía que, hombres y mujeres, formamos, en conjunto, un buen equipo, complementándonos en nuestras diferencias en un mismo plano de igualdad y que, conseguir la efectiva equidad, en todos los ámbitos, pasaba por educar en el respeto a los demás y por el trabajo conjunto de hombres y mujeres para lograrlo. Pero, naturalmente, puedo estar equivocada y la estrategia pasa por aplicar la ley del péndulo y derrotar al “contrario”. Siempre cabe curarse en salud. Y para eso la iniciativa de la empresa holandesa que, tras un acertado análisis del mercado, ha comenzado a comercializar su ipp consentimental. En lo de ver un sospechoso detrás de cada hombre no somos en absoluto pioneros. A raíz de los deleznables comportamientos de algunos hombres, se ha producido una marea tan grande de “me too” que parece que la mujer que no se haya visto en una situación semejante es la excepción a la regla. Y seguro que es así, teniendo en cuenta la tipificación del hecho criminal. Hace poco, uno de los más brillantes científicos del mundo, el español Francisco Ayala, de 84 años, ha visto como era expulsado de la Universidad de California, cambiándose el nombre de la facultad, de la biblioteca de ciencias y de todos los programas que se referían a él. Su pecado, hasta donde se sabe, decir piropos o saludar con besos en la mejilla, tipo delictivo que pronto veremos en España. Lo de las actuaciones intimidatorias propuestas por Podemos va en esa línea, excluyendo por supuesto actos como el que pudimos observar de Monedero hacia Soraya el día de la moción de censura.

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