OPINIÓN

El caso Julen y el pianista del burdel

La cobertura del rescate en Totalán puede mostrar qué medios de comunicación tenemos, pero también qué espectadores

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Hace unos días celebramos el santo patrón de los periodistas y, entre los del gremio, nos fuimos felicitando con la efusividad de quien sabe que, como a nadie corresponde el mérito, a ninguno habrá que pedirle responsabilidad. Quienes gracias a Dios somos ateos sabemos apreciar la divina paradoja de que a devotos que vivieron antes de que se inventara la tecla, la tomografía axial computerizada o el carburador les hagan protectores de periodistas, neurocirujanos o taxistas. Aunque, bien pensado, es la misma situación que se vive cuando señores y señoras que no se han apeado del coche oficial desde que tenían 19 años legislan del transporte público, de la prestación por desempleo o de las incompatibilidades entre la función pública