OPINIÓN

Bicentenario

Siempre asociaré mis emociones en el Museo del Prado a tía María

CádizActualizado:

Siempre asociaré mis emociones en el Museo del Prado a tía María, esa bella anciana deliciosamente majareta, cuyas pupilas azules parecían ecos del Cantábrico que contempló en su niñez; recordar ahora la palidez de su piel, la finura de sus facciones y la seda blanca de su pelo, conduce a pensar en las pinceladas de Vermeer que ella misma trató de explicar a sus rebeldes sobrinos. Tal vez entonces yo hubiese preferido ir a la chopera del Retiro para montar en bicicleta, ahora sé que, gracias a tía María, amo tanto la pintura como detesto la alarmante masificación que contamina la serena grandeza de los museos, confrontación entre la industria del turismo cultural y la protección del patrimonio. Fenómeno