La supuesta superioridad

Si la izquierda radical lo lleva en su programa, los separatistas lo llevan en su ADN

José María Carrascal
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Haberse apoderado de párrafos de una conferencia dada por otro sin atribuirle la autoría es «un error que será subsanado» para el presidente de gobierno español. Cuando el plagio es un robo, una apropiación ilícita del trabajo ajeno que figura en el código penal y trae consigo el desprestigio intelectual y moral de quien lo practica. Pero para Pedro Sánchez es un simple error, una minucia que se borra en la próxima edición del libro que escribió con Carlos Ocaña, miembro del equipo del entonces ministro de Economía Miguel Sebastíán, que resume la tesis doctoral del hoy presidente del Gobierno, que ni sabemos si se publicará, pues es un bodrio. Así, con toda la cara, fusilando incluso las erratas del original, un «ente» por un «entre», no sabemos si por no saber distinguirlos o por pura desidia. Como el disponerse a contrabandear en una enmienda a la Ley Orgánica del Poder Judicial para mejorar la formación de los jueces en cuestiones de violencia de género nada más y nada menos que negar el poder constitucional del Senado de vetar los Presupuestos. ¿Qué tienen que ver la violencia de género con los presupuestos del Estado? se preguntarán ustedes. Pues nada, se trata, como reconocen los autores, de «un ardid legal» para pasar dichos presupuestos. Alegando que se ha usado en ocasiones anteriores, aunque nunca en esta proporción. Todo escudado en esa supuesta «superioridad moral» de la izquierda que le permite no sólo mentir, sino también arramplar con todo lo que le favorece, en nombre de los explotados por la derecha a lo largo de los siglos. Pero es esta una broma que está durando demasiado tiempo. La izquierda no tiene superioridad de ningún tipo ni en ningún terreno, y en el moral, menos que en cualquier otro. No hace falta recordar lo gulags del régimen soviético, ni las pilas de calaveras del Khmer Rouge, ni los excesos de la Revolución Cultural de Mao para demostrarlo. Lo tenemos ante nuestros ojos en lo que está ocurriendo en Venezuela, un país que nada en petróleo en el que la gente se muere de hambre y por falta de medicinas. O en Nicaragua, donde el sandinismo combate a tiros a la oposición, como él hizo con el régimen de Somoza. Por cierto, gobernados por gentes afines al partido de Pedro Sánchez.

No, la izquierda no puede invocar ningún tipo de superioridad para llevar adelante sus fraudes de ley, sus mentiras, sus dislates, sus tropelías. ¿Que hay gentes que lo aplauden y apoyan? Sin duda. Siempre hay tontos o aprovechados, que se benefician de ello. Pero todos sabemos a lo que conduce: a la ruina económica y a la falta de libertades. La mejor forma de estimar la valía de un gobierno es fijarse en quienes le apoyan. Y a Pedro Sánchez le llevaron al poder y lo mantienen en él quienes declarada o subrecticiamente su alergia a España. Si la izquierda radical lo lleva en su programa, los separatistas lo llevan en su ADN. Es hora de que nos enteremos, antes de que sea demasiado tarde.

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