Acto de inicio de campaña del PSC en Barcelona ayer
Acto de inicio de campaña del PSC en Barcelona ayer - EP
EDITORIAL ABC

Mercadeo con la unidad de España

Sánchez e Iceta pretenden embaucar al independentismo regresando a 2004, cuando Zapatero sostenía que el concepto de nación es «discutido y discutible»

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La designación, o no, del primer secretario del PSC, Miquel Iceta, como presidente del Senado se va a convertir en la primera prueba de fuego para calibrar la intención de Pedro Sánchez de hacer concesiones al chantaje de los separatistas. Iceta aspira a ser senador por designación autonómica la próxima semana, durante una votación en el Parlamento catalán que por el momento rechazan Cs, ERC y el PP. La consecuencia es que, a día de hoy, Iceta no podría ser nombrado miembro de la Cámara Alta, y fracasaría el intento de Sánchez de iniciar una negociación con el independentismo bajo el paraguas institucional del Senado. El presidente del Gobierno en funciones ya avisó ayer de que si ERC veta a Iceta, la legislatura arrancará mal. Y el propio Iceta exigió «cortesía» al partido de Junqueras para no bloquear su nombramiento. Sin embargo, ERC ha vuelto a exigir contrapartidas inasumibles como la excarcelación de los políticos presos y su absolución en el Supremo. El transcurso de los días aclarará si ERC va de farol o si, como ocurrió con los Presupuestos Generales, tumba la iniciativa de Sánchez propinándole el primer varapalo de su nuevo mandato.

Sin embargo, no se trata de un movimiento político inocuo por parte del PSOE. De Iceta se ha construido una imagen de pragmatismo dialogante, capacidad negociadora y moderación ejemplar. Sin embargo, la realidad es muy distinta. Ayer se definió como «socialista, catalanista y federalista», lo que encaja muy bien, demasiado bien, en el proyecto «plurinacional», y por tanto inconstitucional, que abiertamente ha defendido Sánchez. Más aún, Iceta incorporó el «derecho a decidir» a su programa electoral aunque años después tuviera que rectificar, y llegó a convertir al PSC en un partido casi residual. Si ahora se ha recuperado, se debe al «efecto Sánchez». Iceta no solo ha acumulado en su vida política más fracasos que éxitos, sino que además inició una humillante campaña de presión al TS cuando la instrucción del proceso por rebeldía aún estaba en marcha. Sugirió que los presos debían quedar en libertad, mantuvo que la solución al conflicto en Cataluña no puede ser legal, sino «política», y apeló a futuros indultos en caso de condena. Iceta representa a ese socialismo que no cree en el Estado autonómico y que prefiere pactar un modelo federal con el separatismo. Sánchez e Iceta pretenden embaucar al independentismo regresando a 2004, cuando Zapatero sostenía que el concepto de nación es «discutido y discutible» y cuando se empeñó en reconocer a Cataluña como nación. Ahora, la aplicación del artículo 155 se aleja definitivamente, y se abrirá una etapa de cesiones inconfesables para un nuevo proyecto territorial de España. Al margen de cualquier retórica dialéctica y «política», no conviene engañarse: quieren volver a mercadear con la unidad de España.