EDITORIAL

Humanismo frente a adoctrinamiento

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El obispo de Valladolid se estrenó ayer como secretario general de la Conferencia Episcopal con una defensa fundada y razonada del papel medular de la Iglesia en el mundo educativo. En vísperas de la reunión que monseñor Bláquez mantendrá con Isabel Celaá, Luis Argüello insistió en la necesidad de dialogar sobre una reforma del modelo educativo que el Gobierno socialista trata de imponer con el único aval de sus dogmas y sobre la base de su laicismo militante. La primacía de la escuela pública que pregona el Ejecutivo de Sánchez no es más que la excusa para marginar a los colegios concertados, elemento esencial de nuestro sistema de enseñanza. El adoctrinamiento no parte de unas aulas en las que se educa en los valores del humanismo cristiano, cimiento de nuestra civilización, sino del modelo estatalista, cerrado y dirigido que tanto obsesiona a la izquierda y a los nacionalismos, beneficiarios de la operación de arrendamiento regional que el PSOE planea ejecutar para que cada cual imponga su propio credo disgregador y, entre otros elementos vertebradores, sacrifique el idioma castellano.

Las demandas de la Conferencia Episcopal no están motivadas por el cierre del grifo económico con que el Gobierno trata de limitar la actividad de la Iglesia en las escuelas, sino por la amenaza que para la propia sociedad representa la aplicación por decreto de una normativa excluyente y cercenadora de la libertad, especialmente lesiva cuando toma como rehenes y víctimas a los niños que van a clase, pública o concertada. La mano abierta, tendida al diálogo, del obispo de Valladolid debe hacer reflexionar al Gobierno sobre su proyecto educativo, concebido como un ataque directo a la Iglesia que, sin embargo, hace diana en quienes se están formando.