Editorial ABC

Hipocresía frente a los herederos de ETA

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Incluso el PNV -involucrado a través de su filial navarra en el pacto de gobierno diseñado por María Chivite y «condicionado» por Arnaldo Otegui- se sumó ayer al clamor contra los infames homenajes tributados el pasado fin de semana en Oñate y Hernani a dos criminales de ETA tras su salida de prisión. Ninguna formación política, a excepción de Bildu, la marca política que explota la herencia de la banda terrorista, quiso quedarse al margen de una denuncia generalizada, en la que coincidieron el Gobierno y las asociaciones de víctimas, que presentaron sendas denuncias ante la Fiscalía para que investigue los hechos, enésimo capítulo de una verbena intermitente en la que se festeja con bengalas, charangas y cohetes la historia sanguinaria de ETA y se humilla a sus cientos de víctimas.

Con los organizados en Hernani y Oñate a mayor gloria de los etarras José Javier Zabaleta Elosegi y Xabier Ugarte son ya diecisiete los actos de esta naturaleza que se han programado en lo que va de año en el País Vasco. Hay antecedentes, y también impunidad para convocarlos. Quienes salieron a las calles de Hernani y Oñate para aplaudir los crímenes de Zabaleta y Ugarte están representados por quienes van a empezar a «condicionar» esta misma semana el gobierno de Chivite, proetarras blanqueados en un juego político marcado por la hipocresía. La aparatosidad con que el Gobierno toca ahora a rebato y moviliza al Ministerio Público para que abra una investigación sobre lo sucedido en las localidades guipuzcoanas no se compadece con la actitud condescendiente del Ejecutivo de Sánchez hacia quienes se abstienen cuando el PSOE mueve sus fichas y necesita cuadrar su geometría variable. Son los mismos y llevan años celebrando la misma fiesta.