Los novios, durante la ceremonia - EFE

Aciertos y desaciertos en la boda de Sofía Palazuelo y Fernando Fitz-James Stuart

La novia no escogió ninguna de las grandes piezas del joyero de la Casa de Alba

MadridActualizado:

Lo mejor de la boda de Fernando Fitz-James Stuart-Beaumont y Sofía Palazuelo Barroso, hablando de estilo, fueron los novios. El duque de Huéscar acudió muy favorecido con su uniforme de gala de Maestrante. Y quedó claro que los tocados están de moda. Una excelente noticia para las casas de sombrerería que proliferan en España. Tanto es así que Sofía Palazuelo, la recién estrenada duquesa de Huéscar, escogió uno para coronar su chignon durante el día de su boda, en lugar de haber llevado alguna de las diademas de la Casa de Alba. Pero los tocados los carga el diablo, y muchas de las invitadas arriesgaron en exceso cayendo en la inspiración animalista y en la evocación de «Cruella de Vil».

Alejandra Domínguez
Alejandra Domínguez - GTRES

Sofía Palazuelo, con acierto y gran autonomía, decidió no pedir nada importante prestado. Toda una declaración de intenciones. Si su padre no acudía a la boda, sí que iba al menos a escoger un vestido ideado por su tía paterna, Teresa Palazuelo. El modelo, de gran sencillez y limpieza de líneas, era juvenil precisamente por esa ausencia de ornato y por sus mangas cortas. La capa con efecto cola saliendo de los hombros, todo un acierto, con inspiración en los modelos de Balenciaga. Quizás el escote en pico y la elección de una tela tan ligera que se transparentaba, fue lo menos conseguido.

Las tiaras de la familia

La novia llevaba unos pendientes de brillantes dispuestos en forma de rombo y una pulsera con un gran zafiro. Sofía hubiera tenido a su disposición tiaras como la «ducal», de corte medieval y esmeraldas, aunque no se ha visto desde que Cayetana de Alba la lució en los años 50. Podría haber llevado la preciosa y enorme diadema de Eugenia de Montijo, heredada por Cayetana de su tía abuela, que tanto la duquesa de Alba como su hija Eugenia Martínez de Irujo llevaron en sus primeras bodas. Hubiera podido lucir la elegante tiara rusa que provenía de la casa ducal de Híjar, de no ser porque Cayetana la vendió hace años para comprar el caballo, Gigoló, con el que su hijo Cayetano Martínez de Irujo montó durante años. Igual suerte pudo correr el enorme collar de esmeraldas que la duquesa de Alba había heredado de Eugenia de Montijo. El caso es que la novia escogió un sencillo tocado de plumas blancas a cargo de Teresa Briz, una elección controvertida pero elegante.

Brianda Fitz-James Stuart y Fernández de Castro
Brianda Fitz-James Stuart y Fernández de Castro - GTRES

Entre las invitadas, destacaron por su sobriedad Sonsoles Díez de Rivera, Carmen Posadas y Eugenia Martínez de Irujo, esta última con un vestido de Lorenzo Caprile que se adaptaba en largo al día y la noche. Pilar González de Gregorio fue impecable con un vestido evasé de largo midi y un tocado que le favorecía. La madrina y madre del novio, Matilde Solís y Martínez Campos, escogió un elegante vestido azul oscuro, también de Caprile, con el que no iba favorecida.

Asela Pérez Becerril
Asela Pérez Becerril - GTRES

Entre las peor vestidas del enlace, destacaron con ganas Brianda Fitz-James Stuart y Fernández de Castro, hija de Jacobo Martínez de Irujo, conde de Siruela, disfrazada de personaje de «La divina comedia», y su cuñada Asela Pérez Becerril, con tocado floreado compañero al vestido y al mantón de manila que llevaba anudado a la cintura. Alejandra Vallejo-Nájera combinó su pantalón con una especie de «mañanita» gigante de volantes que distaba de favorecerle. Y Alejandra Domínguez, modelo y acompañante de Enrique Solís, se llevó el premio al desacierto, con un tocado que le otorgaba un aire militar, un vestido ajustado en azul que se abría por la mitad a cada zancada y unas medias negras que remataban el atuendo años 80.