Juan Soto - EL GARABATO DEL TORREÓN

«Venid y vamos todos»

Carballo compareció ante los suyos siguiendo la pautado en los textos litúrgicos: palabra de aliento, patriotismo local y fervorín discreto

Juan Soto
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Cuando entonces, acudíamos con flores a porfía a la llamada de la catequista, del cura o del hermano marista. Hay varias versiones del himno mariano, una de las cuales pudimos verla, hace años, en el archivo del centro Joaquín Díaz, en Urueña, la villa del libro. Ahora, en estos tiempos de galopante laicismo, el «Venid y vamos todos» parece haberse convertido en el himno del PP, a modo de antífona de convocatoria para estas horas de preparación de campaña, recluta de simpatizantes y manufactura de listas. De modo que así, en plan «venid y vamos todos», se produjo el pasado viernes la puesta de largo de quien tendrá que afrontar la peliaguda tarea de recuperar para las siglas la alcaldía de Lugo, ahora en poder del PSOE, es decir, de las blancas manos de la señora Méndez (recuérdese el bofetón de doña Luisa Carlota a Calomarde), que iba de interina pero que lleva trazas de permanente.

La aparición en carne electoral del candidato del PP tuvo lugar en un céntrico hotel de la capital, tan cómodo y agradable cuanto ecléctico y transigente en lo que atañe a propensiones políticas. En esta ocasión, el candidato, señor Carballo, compareció ante los suyos siguiendo lo pautado en los textos litúrgicos: palabras de aliento, promesas de esfuerzos, petición de auxilio, patriotismo local y fervorín discreto. Cuentan testigos del acto que el entusiasmo fue perfectamente descriptible, muy alejado de aquellas fogosidades que solían arropar antiguamente a los nombres mayúsculos del partido. Mejor así: en estos casos, siempre es mejor la templanza, aunque sólo sea por evitar que la caída sea demasiado dura.

Quedamos a la espera de la lista completa, con relación y hoja de méritos de acompañantes. Se vaticinan pocas caras nuevas. Es decir, no se prevén modificaciones de mayor calado en el repertorio actual, lo cual vendrá a confirmar la tendencia del partido a retribuir el fracaso y a inhabilitar cualquier estímulo entre la sufrida congregación de militantes y simpatizantes.

Así pues, reiteramos lo escrito líneas arriba: hay Lara Méndez para rato.

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