Rafaelillo, con el gesto roto por el dolor
Rafaelillo, con el gesto roto por el dolor - Reuters

San FermínRafaelillo: múltiples y graves lesiones

No corre peligro pero sufre un importante neumotórax y fracturas que afectan a más de 15 costillas

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El terrible percance de Rafaelillo, que pudo ser todavía más grave, ha cerrado dramáticamente la Feria de San Fermín. En la clínica a la que fue trasladado, se le practicaron, entre otras pruebas, una radiografía y un TAC, que mostraron múltiples lesiones: un neumotórax que ocupa el 50% de la caja torácica izquierda y un tercio de la derecha; posible contusión pulmonar; fracturas que afectan a más de 15 costillas; un hemotórax importante, por el sangrado de intercostales. Se le ha colocado un tubo de tórax. Lógicamente, ha pasado la noche muy dolorido. Bien atendido, desde el comienzo, su vida no corre peligro pero la curación y la recuperación serán largas y dolorosas. Los toros, sobre todo si son tan serios como los de Pamplona, implican este riesgo.

Junto a esta terrible cogida, el triunfo de Cayetano y la lesión de Roca Rey, que frustró su éxito, han sido las dos noticias indiscutibles de este San Fermín. Con dos excelentes toros de Núñez del Cuvillo. Cayetano ha sido el único único matador que ha cortado cuatro orejas: para su irregular carrera taurina, un gran respaldo. Era fácil apostar que ésta iba a ser la Feria de Andrés Roca Rey, el único contratado para dos tardes, que había salido en hombros todas las veces que aquí había toreado. Su primera faena parecía confirmarlo. Inesperadamente, todo se frustró, a la hora de matar, al resentirse de una lesión en el hombro, que arrastraba. De las dos orejas cantadas, se pasó a los dos avisos. Hasta agosto no podrá reaparecer, perdiendo, entre otras, las ferias de Mont de Marsan, Roquetas, Santander, Valencia y Huelva.

Al margen de trofeos, cuajó una faena rotunda, completa, Miguel Ángel Perera. Con su estilo clásico, demostró Pablo Aguado que también es capaz de superar el examen de Pamplona . Mostró su capacidad El Juli; su clase, Ferrera y Urdiales. El novillero mexicano Diego San Román demostró que no sólo es un valiente estoico.

Entre los toreros de plata, se produjo la revelación de un banderillero extraordinario, el portugués Joao Ferreira.

Pablo Hermoso dio satisfacción a sus paisanos con una gran faena pero se impuso un pletórico Leonardo Hernández, con cuatro orejas.

En las corridas toristas, la gran sensación ha sido La Palmosilla, con un encierro de gran movilidad y enorme exigencia. Los gigantescos Miuras dieron el miedo que se espera de ellos. Victoriano del Río lidió una buena corrida, pero el triunfo mayor correspondió a los de Núñez del Cuvillo, ideales para el torero: se le dio la vuelta al ruedo a uno y la merecieron otros dos. También se premió con la vuelta a uno de Capea, en los rejones.

Da gusto ver la Plaza de Pamplona llena, sea cual sea el cartel. Hay que respetar la psicología de este público. Este año, sin embargo, se han evidenciado síntomas alarmantes: la excesiva benevolencia en la concesión de trofeos, unida a la falta de criterio de los políticos que ejercen de presidentes; la predilección por un toreo vistoso, efectista, de bisutería; la exigencia de que el toro caiga en seguida, sea como sea la estocada. No es algo exclusivo de Pamplona. La salud de esta Feria no plantea la menor duda, sean cuales sean los avatares políticos.