López Simón, en una de sus tres Puertas Grandes venteñas
López Simón, en una de sus tres Puertas Grandes venteñas - PALOMA AGUILAR

López Simón: «A veces me pellizco para ver si esta temporada ha sido real»

Con tres Puertas Grandes en Madrid, consigue el Premio Taurino de ABC «como representante destacado de una nueva generación de toreros, que están aportando a la Fiesta un revulsivo de competencia, ilusión y atractivo para los nuevos públicos»

MADRIDActualizado:

«Me produce un orgullo inmenso lograr un premio de tanta categoría, de un periódico como ABC, con tanta historia e importancia, y de un jurado tan relevante. De niño soñaba con algo así, y que hayan apostado por mí es sencillamente maravilloso. Gracias». Son palabras de Alberto López Simón, la gran revelación de 2015, el joven que ha conseguido el hito de abrir tres Puertas Grandes consecutivas en Las Ventas.

Sus triunfos en la arena se traducen ahora en reconocimiento como el alma de la nueva «camada» torera. «Es bonito que me consideren como el abanderado de esta generación, pero cada uno se abre su camino y los méritos de mis compañeros son solo suyos», señala. El madrileño siente especial alegría por estar en el «cartel» de esta edición con Espartaco: «Lo admiro profundamente, es un prodigio de torero, no solo por su condición de figura, sino por mantenerse en lo más alto».

—¿Ha vencido la realidad al sueño?

—¡Por mucho! Y eso que me gusta soñar e imaginar en grande.

—¿Cómo recuerda su trébol de salidas a hombros en Madrid?

—A veces tengo que pellizcarme para ver si es real todo lo que estoy viviendo, porque por momentos me parece mentira. En abril no se me pasaba por la cabeza ni algo parecido. Todo con la máxima humildad de saber que el triunfo ha llegado con mucho trabajo y el apoyo de mi entorno y del aficionado.

Aún se emociona. Solo él y los suyos conocen el dolor que hubo detrás. «Viví momentos muy depresivos y duros». Pero las sonrisas dominan hoy a las lágrimas: «Esas ya son solo de alegría. Me ha cambiado la vida en el sentido de lograr objetivos, aunque no en mis costumbres».

Pese a derramar mucha sangre en un año en el que pisó el terreno de las emociones y la heroicidad, acepta la cornada «con naturalidad». «Verme las piernas marcadas me hace reflexionar y vivir con mayor pasión», concluye.