Manu Sánchez, en un momento del espectáculo
Manu Sánchez, en un momento del espectáculo - ABC
Humor

Manu Sánchez asciende a los altares del humor en Sevilla

El artista nazareno, que presentó anoche a FIBES su espectáculo «El buen dictador», derrochó gracia y talento interpretando a un Dios muy particular

SevillaActualizado:

«Tened cuidado con los miedos, el populismo y la demagogia». Ése fue el principal consejo que reiteró y usó, a modo de admonición, como hilo conductor de su hilarante discurso el omnipotente Manu Sánchez, un Dios muy peculiar y con mucha guasa que se apareció ayer en FIBES por partida doble ante un total de 6.400 fieles.

Había mucha expectación por conocer el texto de «El buen dictador», la nueva apuesta teatral del humorista y actor nacido en Dos Hermanas que pone el broche final a la trilogía monarquía-Iglesia-estado tras el éxito cosechado por «El Último Santo» y «El Rey Solo, mi reino por un puchero», en la que hace un repaso muy sui géneris a estos grandes poderes. De hecho, tras agotarse rápidamente las entradas para la primera función programada (21.00 horas), la organización del auditorio decidió sumar a este día una segunda cita a las 18.00 horas.

El todopoderoso hizo acto de presencia un tanto extrañado, preguntando al patio de butacas que «si en esta ciudad todo el mundo tiene pinta de tener cortijo, entonces ¿quién vive en tanto bloque?». Tras esta primera ocurrencia en clave sevillana —hubo más de una decena—, el show comenzó con una trama desternillante en la que el mandamás se mostraba agobiado ante la compleja y ardua tarea que conlleva atender las plegarias de todos sus fieles, labor que llevó a cabo casi sin respirar respondiendo hasta siete teléfonos que no paraban de sonar.

Un comienzo arrollador en el que el cómico dio rienda suelta a todo su ingenio, empatía y gracia, logrando una especie de versión andaluza 3.0 del mítico Miguel Gila y su enemigo. Solo habían pasado quince minutos y Manu Sánchez ya le había visto hasta las amígdalas a las 3.200 personas que se tronchaban en sus asientos y que llenaron hasta la bandera el auditorio hispalense en cada una de las dos funciones

Piezas musicales

Sin solución de continuidad, siguió enlazando situaciones con grandes dosis de humor que conectaron en todo momento con el público, las cuales alternaba con piezas musicales, canciones muy conocidas pero versionadas en clave de humor. Algo habitual en sus shows.

Durante toda la obra el polifacético artista dejó soberbias muestras de una desternillante sutileza dentada. No obstante, hay gags en los que deja ondear su bandera más gamberra, recordando por momentos al gran Antonio Reguera, humorista admiradísimo por el nazareno hasta el punto de ser uno de sus claros referentes. No hubo nada ni nadie que se salvase del repaso de este Dios que no todo lo puede, desde Stephen Hawking o Australia hasta María Jiménez, pasando por Oriol Junqueras o Cataluña.

De este modo, Sánchez, desde su particular perspectiva del Altísimo, hizo en todo momento uso del humor como una herramienta de poder, proporcionando una perspectiva diferente sobre los problemas terrenales y ganándole así la partida a base de risas a temas tan actuales y escabrosos como el proceso de independencia de Cataluña y el famoso artículo 155. Del mismo modo, repartió cera política a diestro y siniestro, de derecha a izquierda y sin contemplaciones—en la época de Jesucristo los leprosos eran la Izquierda Unida del momento, cada vez que se movían se dejaban un cachito atrás, llegó a decir—.

Ya al final, y tras un discurso mucho más serio aunque no exento de humor, cerraba el show el de Dos Hermanas besando el suelo y gritando a los cuatro vientos y con tono revelador que «no se sabe si existe el cielo, lo que sí es seguro es que Sevilla es la gloria».

Con la maratoniana jornada de ayer en FIBES, una más, Manu Sánchez se reafirma como uno de los mejores humoristas del momento, gracias a unos espectáculos en los que el saber y la risa se confunden gracias a un uso magistral de la sátira y que narran travesías hacia el conocimiento de un lugar, una cultura y, sobre todo, travesías hacia uno mismo.