Un momento de los ensayos de «La verbena de La Paloma»
Un momento de los ensayos de «La verbena de La Paloma» - Guillermo Navarro

«La verbena de La Paloma», sin buñuelos ni chulapas

El Teatro de la Zarzuela ensaya su tercer título del Proyecto Zarza, esta vez dirigido por Pablo Messiez

MadridActualizado:

Hace mucho calor... Una atrocidad. Es el 14 de agosto, víspera en Madrid de la festividad de la Virgen de La Paloma; pero no estamos a finales del siglo XIX, sino en 2019. El entorno no es una calle adoquinada en la que se ven una botica, una buñolería y una taberna, sino un centro cultural de barrio. No hay aroma a buñuelos, ni chulapos, ni parpusas ni faldas de céfiro (aunque sí mantones de manila). Pero sí, es «La verbena de La Paloma», la zarzuela, aquella que compuso Tomás Bretón sobre libreto de Ricardo de la Vega y se estrenó en el legendario Teatro Apolo la noche del 17 de Febrero de 1894. Bueno, casi... La música es la misma, pero al libreto se le ha dado la vuelta como a un calcetín...

La razón: acercar uno de los títulos más populares de nuestro género lírico al público joven. Se trata del tercer espectáculo del «Proyecto Zarza», la auténtica «niña bonita» de Daniel Bianco, director del Teatro de la Zarzuela. «Desde que empecé a preparar el proyecto para la dirección del teatro -explica- tenía una obsesión, un reto: qué hacer para que los jóvenes conocieran la zarzuela y sintieran que es un género que les pertenece; no quería espectáculos infantiles y pensé en esta fórmula. Es zarzuela hecha por y para jóvenes». Y se bautizó como «Proyecto Zarza». «Zarzuela es una palabra que deriva de zarza -sigue Bianco-, ése es su origen».

El primer paso fue programar el primer título, que fue «La Revoltosa», y encargar a un dramaturgo y un director de escena también jóvenes -Guillem Clua y José Luis Arellano respectivamente- la adaptación. «Los libretos son a menudo el punto débil de las zarzuelas, lo que más las aleja del público joven», dice el director del teatro. Así que, con la condición de respetar escrupulosamente la partitura, les dio permiso para reformar el libreto. Se realizaron audiciones entre jóvenes cantantes-actores de entre 18 y 28 años: se presentaron cuatrocientos cincuenta, de los que dieciséis formaron el elenco de «La revoltosa».

Pablo Messiez y Daniel Bianco
Pablo Messiez y Daniel Bianco - Guillermo Navarro

Bianco supo que no estaba demasiado equivocado cuando, en las audiciones, a los chicos les correspondía interpretar un fragmento de la propia zarzuela de Chapí. «Cuando les tocaba cantar “La Revoltosa” todos se ponían en jarras, porque entendían que se debía cantar así; esa es la idea de la zarzuela que tenemos que desterrar».

«El Proyecto Zarza -insiste Bianco- es sobre todo un espacio de libertad. Quiero abrir las puertas y las ventanas de la Zarzuela, convertir el teatro del telón rojo y la embocadura dorada en un espacio para jóvenes. Era importante hacerlo en el teatro, no en otra sala, porque si no iba a parecer una actividad extraescolar o algo secundario para nosotros. Y no. Éste es un proyecto fundamental para nosotros, lo mismo que la Tarjeta Joven».

De «La Revoltosa» se ofrecieron cinco funciones escolares -a las que asistieron 3.828 jóvenes de cincuenta y siete centros de de Educación Secundaria, Bachillerato, Formación Profesional, Artes Escénicas y Grado universitario-, y otras tres funciones para el público general, a las que asistieron 2.845 espectadores más. En total, 6.673.

El segundo título, estrenado en febrero de 2018, fue «El dúo de La Africana», de Fernández Caballero, adaptado y dirigido por Susana Gómez. Se elevó el número de funciones escolares de cinco a nueve, a las que asistieron 6.139 jóvenes de ochenta y tres centros. Las tres funciones abiertas al público las vieron 2.177 personas. En total, 8.316 espectadores. Para «La verbena de La Paloma» se han programado siete funciones escolares, a las que asistirán 5.730 jóvenes (está ya todo vendido) de 67 centros educativos, y otras tantas funciones en abierto.

José Miralles y Laura Enrech, dos de los intérpretes de esta «Verbena»
José Miralles y Laura Enrech, dos de los intérpretes de esta «Verbena» - Guillermo Navarro

A la espera de trasladarse al teatro de la Zarzuela, se ensaya en el antiguo cine Bristol de Madrid. Diecisiete jóvenes en bañador y con sus toallas al hombro cantan: «Por ser la Virgen de La Paloma...» a las órdenes de Rubén Díez, asistente del director musical (Oliver Díaz), y bajo la mirada vigilante del director de escena, Pablo Messiez. Para el dramaturgo argentino ésta es su primera zarzuela. «La imagen que tenía del género es que daba para todo -reconoce-, que en él podían convivir estéticas muy diversas; tenía la sensación de que era un mundo incapturable y que en una zarzuela podía pasar de todo».

Pablo Messiez asegura que hacía tiempo que tenía ganas de hacer una función en la que la música fuera la protagonista. «En nuestra “Verbena” lo es en más de un sentido, no solo por tratarse de una zarzuela, sino porque en la versión que hemos hecho le hemos dado mucho protagonismo. Es una función sobre la música y lo que la música nos provoca».

Confiesa el director que cuando leyó el libreto, tras recibir la propuesta de Daniel Bianco, no le interesó. «No le encontraba el sentido a hacerlo hoy en día. Afortunadamente, Daniel me dijo que podía cambiarlo totalmente, con la única condición de respetar los números musicales».

La propia música, el calor y el amor son los tres ejes en torno a los que ha estructurado Pablo Messiez su versión, que se desarrolla en nuestros días, concretamente el 14 de agosto de 2019, en un centro cultural donde, por un error de imprenta, no se han especificado los horarios de las distintas actividades programadas para el día -entre ellas una representación de «La verbena de La Paloma»-. El caos envuelve la jornada.

Un momento del ensayo de «La verbena de La Paloma»
Un momento del ensayo de «La verbena de La Paloma» - Guillermo Navarro

¿Cómo se compadece el lenguaje decimonónico de las piezas musicales con la juventud y contemporaneidad de libreto e intérpretes? «Es una zarzuela que conocemos todos... Al menos un fragmento, como “¿Dónde vas con mantón de manila?” El otro día paseaba por el Rastro y escuché la “Verbena” en un organillo. Es una música que está en el ADN del madrileño. En nuestra versión, al principio, los intérpretes no encarnan a los personajes, sino que cantan esa música porque les gusta. Después la función va tomando la realidad hasta mezclarse las historias».

Qué nos dice hoy “La verbena de La Paloma”. Ese fue, explica Messiez, el punto de partida del trabajo con los intérpretes. «Qué les movía desde el punto de vista emocional: el recuerdo de la abuela de uno cantando estas canciones hasta el impacto que puede tener escuchar uno de los concertantes, que son una belleza... En realidad, ocurre con todas las obras clásicas. Hay que volverlas a leer, a escuchar, para saber qué nos dicen hoy, cómo resuenan en nosotros. En la zarzuela hemos de conocer la tradición y los códigos, y establecer un diálogo con ellos. Cuando empecé el trabajo me entrevisté con muchos chicos de Instituto y los encontré mucho más cerca de la obra y de los temas que aborda de lo que el prejuicio podría suponer. Habla del amor, de los celos... Y es música; y todos todos los entrevistados hablaban de la música como su mejor amigo».