Kiko Veneno
Kiko Veneno - ABC
Teatro Lope de Vega

Kiko Veneno: «La cultura es el enemigo del sistema»

El compositor presenta su último álbum, «Sombrero roto», en la inauguración del festival Singular en el Lope de Vega

SevillaActualizado:

Kiko Veneno (Figueras,1952) es uno de los contados compositores españoles que con sus canciones han cambiado la historia de la música pop en España. El seminal «Veneno» (1977) no solo consiguió una adictiva aleación de flamenco, rock y lírica popular de una originalidad que sedujo hasta a Camarón, sino que marcaría el camino de las fusiones en décadas presentes, del Nuevo Flamenco a Los Delinqüentes, que tomaron el nombre de una de sus canciones, o Juanito Makandé.

Pero la carrera de este compositor, residente en Sevilla desde los nueve años, no puede, ni debe, reducirse ni a «Veneno» ni al extraordinario «Échate un cantecito» (1992), el álbum que le abrió al público popular. Porque si algo ha caracterizado la carrera de Kiko Veneno es la evolución continua.

Así, lejos del anquilosamiento, José María López Sanfeliu, el nombre que aparece en su DNI, ha experimentado desde los tiempos de la Movida con el sonido y se ha acercado en los últimos años a músicos jóvenes, de Raül Refree a Martín Buscaglia, para mantener su estilo en constante evolución.

Buen ejemplo de ello es su álbum más reciente, el sobresaliente «Sombrero roto» (2019), en el que introduce texturas electrónicas a su intransferible estilo, en una docena de canciones vitalistas y luminosas, ahí está «La higuera» y ese manifiesto que es el tema que le da título al disco, pero con lugar también para la introspección («Obvio») y una certera miriada social («Ojalá»).

La gira de Kiko Veneno arranca este martes en el Teatro Lope de Vega en el que, además, inaugura el festival Singular, por el que pasarán también músicos como Paco Ibáñez y Martirio, además de Imanol Arias, con «El coronel no tiene quien le escriba», el regreso a las tablas del director de cine Carlos Saura.

Presenta este martes «Sombrero roto» en el Teatro Lope de Vega, su primer disco con nuevas canciones en seis años, sin contar su colaboración con Martín Buscaglia, ¿cuándo y por qué se da cuenta de que tiene un álbum?

Ha sido un proceso largo, empecé en 2015, en tres tandas, repartidas en tres años. Hice en mi estudio casero maquetas de 21 canciones, sin prisa pero sin pausa. O sea, que ha sido laborioso, no tenía urgencia ni otra obligación que trabajar a gusto. En ese sentido, y en medio de un paisaje de estrés y cultura del famoseo, el concurso y el pelotazo, me siento muy afortunado de poder seguir trabajando siguiendo mi libertad y mis intuiciones, me siento muy recompensado.

En una primera escucha, lo que más llama la atención es la nueva vuelta de tuerca que ha dado a su sonido, con texturas y sonidos electrónicos de la mano de Bronquio, ¿por qué le interesaba experimentar con estos sonidos?

Mi compañero del alma Martín (Buscaglia) ha sido el primer productor. Ha hecho lo más difícil, la selección de las 10 canciones, en su velocidad y en su tono. Y después grabar las bases, aunque la mitad de las bases del disco son de la maqueta, nos resultaron ya válidas. Terminada esta primera fase ya me liberé, era lo más difícil. Después con Bronquio actualicé sonidos que en la maqueta eran pobres, y en otras canciones Bronquio creó texturas de sonido que enriquecían las canciones.

«La nostalgia no es mala, pero agarrarse al pasado de mala manera sí puede ser negativo»

No es la primera vez que colabora con músicos de otras generaciones. Lo hizo por ejemplo con Raül Refree, en el estupendo «Sensación térmica», ¿qué le aporta trabajar con músicos jóvenes?

Bueno, cada generación busca sus propios sonidos y a mí me gusta estar en contacto con todo eso. Lo mismo que cuando joven intentaba entender el mundo de los veteranos. Anquilosarse no vale de mucho en esto de la creación, por lo menos desde el punto de vista de mi intuición y mis necesidades.

Los cambios en su sonido son constantes en su carrera, del seminal «Veneno» (1977) hasta los más recientes ¿Al igual que Bob Dylan o Bowie ha evitado siempre mirar atrás y no estancarse? ¿La nostalgia es lo peor que le pueda pasar a un artista?

El sonido del mundo no ha parado de cambiar desde que estoy vivo y tengo conciencia de ello. Lo normal es irse adaptando a los cambios para que tu música siga siendo contemporánea, de tu tiempo, es una necesidad material. Luego está el conformismo de cada uno. Yo personalmente disfruto mucho trabajando nuevas texturas sonoras, el mundo del sonido me fascina, y experimento todo lo que puedo. La nostalgia no es mala, pero agarrarse al pasado de mala manera sí puede ser negativo.

El álbum es, en general, luminoso, aunque en el tema «Yo quería ser español« traza un retrato político social y actual dominado por el miedo, la deshumanización y el dinero, ¿es pesimista respecto al futuro del país?

Intento no prejuzgar, simplemente veo que los valores del mundo se van pudriendo. La ambición, el dinero, el consumo, la esclavitud de la imagen y las tecnologías, el monopolio y oscurantismo del poder, están abriendo brechas insalvables entre las personas y destruyendo la vida en el planeta.

«Creo mucho en la música de esta ciudad, otra cosa es que no hay muchos vehículos para organizarla y llevarla al resto del país»

Lo que no ha cambiado en su discografía es su fijación por estilizar el lenguaje popular y el habla coloquial en unas letras que no renuncian a ofrecer varios niveles de lectura, ¿suscribe aquello que escribió Manuel Machado: «Procura que tus coplas vayan al pueblo a parar, aunque dejen de ser tuyas para ser de los demás»?

En el carnaval de Cádiz, en el popurrí ya no se canta en canciones actuales, no son válidas para eso. Siguen recurriendo a canciones de hace 40, 50, 60 años. Estamos en un momento en el que se ha suprimido de nuestra cultura la asociación onírica festiva crítica activa de hacer canciones que comenten el mundo y los interpreten y lo pongan a nuestro favor. Eso no interesa, nos están quitando herramientas de poder constantemente.

Usted ha seguido siempre muy de cerca la evolución de la escena sevillana y sé que le gustan bandas como Pony Bravo, ¿cómo valora la vitalidad de la actual escena?

Sevilla es una ciudad con gusto por la música, siempre ha dado una música interesante. Derby Motoreta’s están gustando mucho, creo que tienen buen punto y buena energía. Creo mucho en la música de esta ciudad, otra cosa es que no hay muchos vehículos para organizarla y llevarla al resto del país.

«Cuando digo que me gusta el trap o el reguetón lo que quiero decir es que los acepto como música contemporánea, son una realidad, pero no la única»

¿Hay relevo en la escena sevillana pop-rock ahora que todo parece dominado por el trap, que es la música que mayoritariamente escuchan los menores de treinta años? Por cierto, ¿le gusta el trap?

Sí, ese es un tópico, cuando digo que me gusta el trap o el reguetón lo que quiero decir es que los acepto como música contemporánea, son una realidad, ahora bien, no la única realidad ni mucho menos. Cubren una parte de demanda juvenil, aunque a muchos nos resulte pobre y degradante, pero es solo una pequeña parte de la música, lo malo es que es lo único que mucha gente escucha.

¿Cree que sigue siendo la sevillana una escena subterránea y que la cultura no se termina de tomar en serio en la ciudad?

La cultura es el enemigo del sistema. Ya que nadie quiere ser trabajador ni luchador ni sindicalista ni político, solo queremos gimnasio y que nos marquen y resuelvan la vida: apuestas, fútbol, choped y carne mechada, y que otros vayan en patera. No estamos dispuestos a renunciar al chollo. Con ese presupuesto la cultura como conciencia de la realidad y el arte es inviable y va en retroceso constante en todo el mundo.