TOROS

Casta Brava de Victorino en la tarde Magallánica

'Milijo', negro de 517 kilos, es indultado por Pepe Moral, que sale a hombros junto a Octavio Chacón y Emlio de Justo

Pepe Reyes
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Al cumplirse cinco siglos desde que Sanlúcar de Barrameda viera partir de sus aguas aquella intrépida expedición que, comandada por Fernando de Magallanes, circunnavegara por primera vez el globo terráqueo, esta bella localidad rendía taurino homenaje a tan singular episodio. Engalanado con esmero para la ocasión, lucía el vetusto y coqueto coso de El Pino una imagen deslumbrante de minucioso exorno y policromía, donde el ruedo se convirtió en multicolor alfombra de sal con elaborados diseños alusivos al acontecimiento y en el que todos los actuantes portaban anacrónicas indumentarias marinas, según usanza de los albores del siglo XVI.

Corrida excepcional que contó con la también excepcionalidad ganadera de los toros de Victorino Martín, sin lugar a dudas la vacada más importante de los últimos cincuenta años de tauromaquia. Saltó al ruedo el primer ejemplar y pregonaba los caracteres propios del hierro: pelo cárdeno, lomo curvilíneo, rostro cariavacado, mirada encendida y escrutadora, humillada embestida, astifinas defensas...puro encaste albaserrada. Animal al que Octavio Chacón paró con templanza a la verónica y quitó después con airosas chicuelinas en lucida labor capotera. Quien aprovechó la acometida reiterada, prontitud, nobleza y permanente fijeza de la res para componer una valerosa y pulcra faena por ambos pitones. En las postrimerías del trasteo, en un descuido del torero, fue éste violentamente volteado sin aparentes consecuencias. La ejecución perfecta del volapié le permitió pasear las dos primeras orejas del festejo.

El segundo de la tarde, negro entrepelado y cornidelantero, presentó un viaje muy corto bajo el vuelo del capote de Emilio de Justo y no se empleó en el peto del picador. Arribó al tercio definitivo con embestida exigente y reponedora, a la que el diestro extremeño planteó recia lid hasta obligarlo a pasar con sumo decoro tanto en redondo como al natural. Un toro encastado y violento que encontró la torera y valiente respuesta del matador, quien con una estocada algo desprendida y atravesada ponía certero broche a tan emotiva labor.

Mucho celo y una suave y larga embestida presentó de salida el tercero de la suelta, que empujó después en el caballo en las dos varas que tomó. Pero esperó en bandilleras dificultando la ejecución del tercio rehiletero y acometió a la franela de Pepe Moral con intensidad y repetición. A medida que transcurría el trasteo, el asaltillado ejemplar empezó a perder el brío y fogosidad originales, en parte debido al voluntarioso pero anodino trasteo del espada sevillano. Puso éste fin al episodio con una estocada trasera y dos golpes de descabello.

Tocado de pitones y negro entrepelado, el cuarto toro humilló con entrega a la capa de Octavio Chacón, quien remató con ambas rodillas en tierra el ramillete inicial de verónicas. Un quite por delantales y una airosa revolera como broche, completaron el lucido repertorio capotero del gaditano. La sangre brava de la más pura estirpe albaserrada palpitó su emoción el el adornado albero sanluqueño durante el trasteo de este encastado animal, que no cesó en su embestida y en su permanente exigencia a Octavio Chacón. Realizó éste un esfuerzo sobrio, puro, denodado, de absoluta exibición lidiadora, no exento de cúspides de extrema calidad. La faena mantuvo siempre sumo interés y exaló en todo momento la verdad arrebatadora de la tauromaquia. Una estocada trasera puso feliz cierre este bello cpítulo de la tarde.

El quinto de la suelta, cárdeno claro, acudió dos veces a jurisdicción del picador y no parecía entregarse en los engaños lidiadores. Emilio de Justo se fajó con él y le presentó con gallardía la muleta para dibujar derechazos a base de severa exposición. A pesar de que el toro lo buscaba con saña y contumacia, el valiente diestro supo robarle los escuetos viajes que su bravo enemigo permitía. Un certero estoconazo colocó digno broche a esta encendida batalla.

Cerró plaza un toro negro de Victorino que fue recibido con bellas verónicas y una luminosa media por Pepe Moral, que abundaría luego con un airoso galleo por chicuelinas para llevar a la res por segunda vez al caballo. Fue éste otro bravo burel, de humillada embestida y exigente condición, al que Moral citó en pase cambiado desde los medios para proseguir con un largo toreo en redondo. Mayor recorrido aún por el izquierdo, los naturales se sucedían sensacionales y poderosos. Animal codicioso y noble, barruntaba ya el superlativo y merecido premio del indulto, que no tardó en solicitarse y concederse. "Milijo", de 517 kilos, herrado con el núnero 9, volverá a las dehesas extremeñas como recompensa a su bravura. Apropiada guinda para una gran tarde de toros.