Màxim Huerta
Màxim Huerta - NIETO
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Las (otras) tramas de Màxim «el breve»

Màxim Huerta ha durado una semana como ministro de Cultura y ha escrito seis novelas. Los últimos acontecimientos bien merecen otro libro

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Existe una teoría llamada la espiral del silencio. Su creadora, la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann, afirmó a finales de los 70 que nuestra opinión se adapta al foro que la solicita: cuando sabemos que nuestro punto de vista va a adquirir una dimensión pública, lo ajustamos a la actitud que, con o sin acierto, consideramos que obtendrá un respaldo mayor. Tal vez esta sea la razón por la que, al ser interrogados acerca de cuál es el gran hito de la literatura universal, lo hayamos leído o no, respondemos El Quijote casi de forma automática; el mismo motivo que nos impide aplaudir las colas interminables, generadas por los youtubers en la última edición de la Feria del Libro, o la horda de fans que acompaña siempre la convocatoria de un evento relacionado con las novelas del exministro de Cultura, Màxim Huerta (Utiel, Valencia, 1971).

Huerta, que tan sólo unos días después de incorporarse al gobierno ha copado titulares por el fraude fiscal que cometió entre 2006 y 2008 (que provocó su dimisión el miércoles), y no a causa de la publicación de Firmamento, su último libro, tuvo que estudiar las tesis de Noelle-Neumann en el CEU San Pablo de Valencia, donde se convirtió en periodista, una profesión atractiva para quienes aspiran a ser escritores y, al mismo tiempo, saben que no es fácil, por no decir imposible, ganarse la vida como autor. Sin embargo esta es la palabra, «autor», que más se ha utilizado en los medios para defender el controvertido nombramiento de Huerta que, en 2014 y con La noche soñada, ganó el Premio Primavera, reconocimiento alcanzado casi un lustro después de que firmara su primera novela.

El paso en falso

Hace ya mucho tiempo que se abrevió el primer título de la bibliografía de Màxim Huerta. Que sea la última vez que me llamas reina de la tele: diario de una presentadora (2009) ha quedado reducido en las cubiertas de las ediciones más recientes a Que sea la última vez…, quizás con la intención de suprimir las connotaciones que relacionaban con una rotundidad excesiva esta fantasía humorística con la realidad televisiva que, en el momento de su escritura, vivía Huerta como copresentador de El Programa de AR. Imaginar a Ana Rosa como la protagonista de la historia, Margarita Gayo, la presentadora líder de audiencia a la que un homenaje a su carrera le recuerda la proximidad de la vejez, resultaba inevitable.

En sus primeras historias hay humor a lo Terenci Moix. Luego deriva al estilo de Gala

Hay en Que sea la última vez… un humor que se nutre de la sorna característica de las primeras etapas creativas de Maruja Torres o Terenci Moix, pero que no lo alcanza en ningún caso. La novela es claramente un paso en falso, que incluso el mismo Màxim Huerta supo reconocer, tal y como demostraron sus siguientes incursiones en la narrativa, El susurro de la caracola y Una tienda en París, en las que la frivolidad y el chiste fácil, que funcionan en el diálogo vivido pero rara vez en el inventado, ya no son el motor del texto, aunque perviven en él en una medida mucho más justa.

Si en El susurro de la caracola (2012), con un arranque heredero de la película La rosa púrpura de El Cairo, Huerta relata la pasión de una costurera por un galán de cine y se desliga por completo de su ópera prima para acercarse con modestia al estilo refinado y comercial de Antonio Gala; en Una tienda en París (2012), el escritor logra algo imprescindible en la carrera de cualquier creador: convertir en señas de identidad unas cuantas obsesiones.

Los amores difíciles, la idea de cambiar de escenario para encontrarse a uno mismo, París, las flores y el mar alternan su presencia en las tramas del ministro y las relacionan entre sí, dotándolas de una homogeneidad que alcanza su clímax en La noche soñada, sin duda su mejor apuesta. El fallo de un jurado presidido por Ana María Matute, una de las autoras más admiradas por el novelista valenciano, otorgó en 2014 a La noche soñada el Premio Primavera y, apenas un año después, Màxim Huerta abandonó la televisión para dedicarse de lleno a la literatura.

El Premio Primavera

En La noche soñada, que arranca con una curiosa advertencia por parte de Justo Brightman, su personaje principal, los acontecimientos, centrados en perseguir la huella de la infancia y la capacidad para transformar el pasado que posee la memoria, se cuentan con la luz carácterística de los escritores mediterráneos (Vicent, Chirbes, de nuevo Moix…), porque Huerta también lo es. El resultado es una novela más que digna y de una aceptable calidad que ninguna de las ficciones posteriores de su autor -No me dejes (2016) y Firmamento, recién llegada a las librerías y construida a partir de las voces de Ana y Mario, dos almas perdidas, destinadas al encuentro- han conseguido superar.

En cualquier caso, innumerables traducciones, ediciones infinitas y una década de perseverancia en la escritura distinguen la trayectoria Màxim Huerta de las carreras «literarias» espasmódicas y en su mayoría fugaces de otras caras conocidas de la televisión. Podrá gustarnos o no, dependiendo del nivel de nuestras lecturas, pero lo que está claro es que nos encontramos ante un escritor que durante una etapa de su vida fue periodista, después fue copresentador y luego ministro; y no ante un showman que juega a ser escritor. De la misma manera en que se es inocente hasta que se demuestra lo contrario, ninguna literatura a priori es ilegítima. Hay que leerla y sólo después, dependiendo de quién y para qué nos la pidan, dar nuestra opinión.