Alegoría del Tiempo gobernado por la Prudencia (c. 1565-70), con retratos de Orazio Tiziano, su joven nieto Marco Vecellio y el propio pintor en edad avanzada
Alegoría del Tiempo gobernado por la Prudencia (c. 1565-70), con retratos de Orazio Tiziano, su joven nieto Marco Vecellio y el propio pintor en edad avanzada
ARTE

Obra y (des)gracia de Tiziano, artista y confidente de Carlos V

El desprendimiento de su «Cristo crucificado» en El Escorial devuelve a la actualidad a Tiziano, un pintor totalmente incardinado en la Historia de España

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A sus 71 años, Tiziano Vecellio cruzó en el invierno de 1548 los Alpes nevados y acudió a Augsburgo para pintar al Emperador triunfante tras la batalla de Mühlberg. Delante de un Carlos V derrotado por la gota, disimuló su fatiga y lo presentó como un guerrero, lanza en ristre, sobre un paisaje apabullante. Para ello, el anciano plantó su caballete al aire libre, en plena campiña bávara, con tan mala fortuna que un golpe de viento arrancó el cuadro y produjo un desgarro que aún se puede observar. Además de este incidente, la tela sufrió mucho en el incendio del Alcázar, así como en su traslado a Ginebra con motivo de la Guerra Civil.

Un segundo desgarro

Otro desgarro ha devuelto a Tiziano a la actualidad cinco siglos después. El Cristo crucificado, que alberga la sacristía del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, sufrió recientemente una caída debido al deterioro del yeso en el que estaba anclado. Aunque el cuadro no llegó al suelo, el impacto produjo una rotura «considerable» en el soporte. El accidente ha abierto el debate sobre la falta de recursos de Patrimonio Nacional y vuelve a recordar, aunque sea a base de infortunios, la íntima relación del genio renacentista con España.

El pintor de la luz tuvo tiempo de vivir el esplendor y la caída del Renacimiento durante su longeva existencia. Nacido en el seno de una acomodada familia de Cadore, Tiziano entró con nueve años en el taller de Gentile Bellini en Venecia y, más tarde, en el de su hermano Giovanni. Su talento, «su buena crianza y sus dulces costumbres y modales» le permitieron moverse entre los notables de la República. Gustaba de presentarse como un pintor ávido de fama por encima del «deseo de las ganancias», a pesar de lo cual su taller terminó siendo el más cotizado de Europa.

Papas y emperadores

Pronto se consagró como un genio que se disputaban los hombres más poderosos de su tiempo, entre ellos, Francisco I de Francia, el Papa Paulo III y, claro está, el dueño de media Europa. La fascinación de Carlos V por el veneciano comenzó con su reinado. Van Orley, Lucas Cranach el Viejo y Durero se postularon durante un tiempo para el cargo de retratista imperial, pero no fue hasta su coronación en Bolonia (1530) cuando el Monarca encontró al artista idóneo. El Duque de Mantua le recomendó los servicios de Tiziano que, sin embargo, debió superar una especie de prueba antes.

En la madurez de su talento, el pintor de la Señoría de Venecia recibió el encargo de retratar a Carlos de cuerpo entero, junto a un perro, siguiendo las directrices de un cuadro de Jacob Seisenegger. Tiziano superó el examen con nota. Su obra hizo olvidar la pintura del austriaco, que capta a Su Cesárea Majestad como una figura histórica, fría, sin vida, frente al pincel luminoso del veneciano. Entusiasmado por el resultado, Carlos V incorporó de forma solemne a Tiziano a su Corte. No solo como pintor de cámara, sino dándole el título nobiliario de consejero áulico.

Carlos V en la batalla de Mühlberg pintado por Tiziano
Carlos V en la batalla de Mühlberg pintado por Tiziano

Aunque se negó a establecerse en España, el maestro estuvo presente siempre que el Emperador lo necesitó. Al fallecimiento de su esposa, Carlos V lamentó no tener consigo ningún retrato del amor de su vida. Desesperado por lo que parecía irreversible, recurrió a su pintor y confidente para que obrara el milagro de revivir a Isabel, aunque fuera atrapada en un lienzo. En 1545, el veneciano terminó un retrato de la Emperatriz vestida de negro, que, si bien ardió en el incendio del Palacio del Pardo en 1604, sirvió de copia al célebre cuadro que hoy se conserva en el Museo del Prado. Carlos llevó consigo la imagen incluso en su retiro en el Monasterio de Yuste como recuerdo de la belleza pálida de su querida Isabel. Solo un genio como Tiziano podía hallar vida en la muerte.

De padre a hijo

El 21 de septiembre de 1558, Carlos V murió aferrado a un crucifijo mientras contemplaba el misterioso cuadro de La Gloria, que siete años antes le había encargado. El heredero hispánico, Felipe II, transformó la pasión de su padre por el italiano en una obsesión. Durante su estancia en Génova, el español insistió en conocer a Tiziano y le pidió su primer «retrato de Estado». El Rey era entonces más del gusto de pintores flamencos como Jan van Scorel o Antonio Moro, y apreció el retrato algo chapucero por «la prisa con que se ha hecho». Lo cual no fue impedimento para que le encargara las primeras piezas de su colección de arte erótico: una serie de siete sensuales cuadros basados en escenas de la Metamorfosis de Ovidio.

La obra representa a Venus intentando abrazar a Adonis
La obra representa a Venus intentando abrazar a Adonis

En la segunda de estas pinturas, Venus y Adonis, emerge una figura con el torso desnudo que -así lo aprecian muchos historiadores- se parece al propio Felipe II. A pesar de esta licencia, el resultado gustó tanto al Rey que le apremió para que enviara más y más dibujos, de modo que contó con su pincel para todo tipo de asuntos hasta su muerte en 1576. De esta etapa final data el Cristo Crucificado (1565) y cometidos que trascendían el arte. Tiziano hizo incluso de contacto entre el espía García Hernández y un emisario turco que llegó a Venecia para pactar una tregua con España tras la batalla de Lepanto.

El pintor veneciano, obsesionado con lograr la perfección, estaba dedicado a numerosas cuadros y en constante rectificación de otros cuando le mató la peste negra cerca de cumplir cien años. Desde la década de los años 50, la vejez, la soledad y un sentido dramático de la vida oscurecieron su obra a consecuencia de una serie de desdichas familiares. Los problemas con el canalla de su hijo Pomponio, que terminaría por despilfarrar el enorme patrimonio de su padre, el intento de asesinato de su hijo Orazio y las sucesivas muertes de su amigo Pietro Aretino, de su hermano Francesco y de su amada hija Lavinia recordaron de golpe a Tiziano lo que duele vivir.