Una de las espirales de Martín Chirino
Una de las espirales de Martín Chirino
ARTE

Homenaje a Martín Chirino: un silencio enorme

El director de la fundación del artista evoca el vacío que deja la pérdida del escultor

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Como decía Pasolini, «la muerte determina la vida (...). Solo al morir la vida adquiere significado. Hasta ese momento carecía de él, su sentido estaba suspendido. Era, por tanto ambiguo».

La vida del individuo transcurre de un momento a otro, sin descanso, sin tregua hasta que acaba. Entonces, de repente, pensamos que ese acabarse es el signo, la verdadera oportunidad para expresar lo que el adiós nos exige; y lo que la muerte exige de nosotros es el valor primordial que marca lo que entendemos como el momento más triste de nuestra existencia: la separación final de los seres que queremos. Nada podría estar más lejos de la realidad de nuestros sentimientos, de nuestra cultura y de nuestra razón de ser.

Martín ha pasado por nuestras vidas para nunca irse. Es cierto que en el mundo de la cultura y de las artes, de una forma u otra, todos aspiramos a ser eternos a través de nuestras creaciones. Pero se ha producido un silencio enorme. Su voz se fue para siempre y, con ella, su forma elegante de entender el mundo, el arte.

Silencio. Su voz no podrá equipararse con la de nadie, pues era única e irremplazable.

Por un momento el mundo se ha detenido. Un silencio doloroso y triste, a pesar de ser inesperado. Pero van llegando murmullos y sonidos familiares que van llenando ese silencio. Empiezas a reconocerlos y es porque una vez que los escuchas nunca los olvidas. Me refiero al sonido del martillo sobre el yunque. Nunca podré silenciar ese sonido para referirme a Chirino, incluso si ello supone un colapso absoluto del sentido, de los limites y del sentido de la vida.