Alberto Conejero
Alberto Conejero - ABC
TEATRO

Alberto Conejero: «Con Cervantes, Lorca es nuestro escritor más infinito. Y el tiempo no lo agota, lo multiplica»

Lorca sube de nuevo a escena con la versión de Alberto Conejero y Darío Facal del «Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín», una de sus piezas menos representadas y más inquietantes

MADRIDActualizado:

- ¿Cómo le llega el proyecto?

- Por Darío Facal, que conocía mi trabajo anterior. Hacía tiempo que nos seguíamos la pista pero no nos conocíamos. Encajábamos, porque él quería un «dramaturgista» que conociera bien la obra de Federico y que hiciese el viaje junto a él.

- ¿Desde el principio se fijaron en esta pieza, que no es una de las más conocidas ni representadas de Lorca?

- El que no sea una de las piezas más conocidas ni representadas es lo que nos animó también. No obstante, no lo consideramos un texto menor. Es un texto muy difícil porque pasa de lo más sublime a lo más ridículo. De la tragedia a la farsa sin solución de continuidad.Es verdad que supone todo un reto.

- ¿Y todo esto lo consigue en una pieza muy corta, de apenas veinte minutos?

- Sí, es una pieza que leída o, incluso, representada sin más, no llega a más de veinte minutos. Y nos apetecía saber por qué don Perlimplín se había llevado tan pocas veces a la escena y todo ello mirado desde un escena contemporánea.También contarles a los espectadores el enorme sortilegio que encierra este texto porque, en absoluto, es un texto menor. Es un texto que supone una encrucijada en la producción y en la poética de García Lorca. Por un lado, bebe de todas las fuentes tradicionales que él está descubriendo y devolviendo a los escenarios, pero, por otro lado, el enfoque es totalmente moderno. Es una farsa moral que la lleva al territorio de lo clásico. Todo este cruce es lo que hacía que el texto fuera tan excitante

- ¿Cuál es la gran dificultad de don Perlimplín?

- Tiene una gran dificultad en su poética. Es de una riqueza muy exigente, muy extrema. La duración del texto que no llega a la expectativa habitual.

- ¿Se mantiene el texto íntegro o se le han añadido cosas?

- El texto está tal cual, pero ha habido dos operaciones dramatúrgicas. En el intermezzo de la obra estaba la escena de los duendes. Esa parte está ensanchada con la inclusión del retablillo de «cristobita» que es como el reverso o la parte oscura de don Perlimplín. Cuenta lo mismo –la historia del viejo que se casa con la joven– y en el retablillo acaba asesinándola. Me parecía que estos materiales dialogan muy fácilmente. Era el reverso oscuro. Pensé que durante el sueño de la noche de bodas, Perlimplín soñase esto: se ve a si mismo matando a Belisa, pero en el último momento retira la sangre para hacerse la capa roja con la que seduce a su propia esposa. Un ejercicio de «metaficción», que don Perlimplín soñase otra obra de Federico. También hay una figura nueva que aparece en la representación que es la del poeta (recurso habitual de García Lorca que aparece, por ejemplo, en la «Comedia sin título» o en «El público») que va a preparar esa representación. Pero son todo textos de Federico. No hay nada escrito por mí. Esta figura de poeta habla a través de textos de Federico (conferencias…).

- ¿Y a qué se refieren?

- Se refieren a la obra en sí misma. Le adelanto que este poeta nos habla de cómo se gestó don Perlimplín… Nos parecía muy interesante compartir cómo fueron los orígenes de don Perlimplín. Buñuel le dijo que esa obra era una mierda, que lo de «los Duendes» era insoportable. Nos parecía que estaba muy contextualizar.

- En cuanto a la escenografía, ¿qué hay de nuevo?

- Nos parecía que el tiempo ha dejado una versión más domesticada de Don Perlimplín. Preciosista. Y nos parecía que es su texto más amenazante. Hay un texto del propio Lorca en el que nos dice cómo habría que representar don Perlimplín: de una manera mucho más moderna y vanguardista de cómo se ha hecho luego. Desde la dramaturgia yo no creo que esté forzando el texto hacia lo contemporáneo. El texto en sí es muy contemporáneo.

- ¿Lorca vuelve a ser Lorca?

Siento que Lorca es infinito y siempre tiene algo que enseñarnos. Como si estuviera haciendo el teatro del futuro. Escudriñando el texto para mí no habla de un viejo que se enamora de una joven. Habla del cuerpo como una clausura. Belisa no puede amar a don Perlimplín porque es mayor, pero ama sin saberlo el alma de don Perlimplín. Y habla del cuerpo como una clausura, como un límite absoluto. Es a lo que Federico nos tiene tan acostumbrados de Eros y Tánatos… Es un texto contemporáneo y yo me sorprendí de recordar este texto de una manera tan preciosista… Es un texto que muerde y la elecciòn de Darío Facal va por ahí. No es la historia de un viejo sino del cuerpo como una clausura.

- Una constante en Lorca.

- Aquí nos muestra una paradoja: el amor te salva y te destruye. El amor abrazado a la muerte y no sabe uno dónde empieza una cosa y acaba otra.

- ¿Lorca sigue atrapado en el tópico?

- Me parece que hay obras de juventud, como «Mariana Pineda» o «El Maleficio de la mariposa», primerizas… Por ejemplo, una Mariana Pineda que no sea «romantizada» o el maleficio de la mariposa redescubrirlo, no desde un cuento juvenil sino desde vanguardia. Estamos listos para recitar la obra de Federico sin cierta pátina costumbrista. Lorca, cuando crees que lo conoces, plantea siempre una cuestión nueva. Es increíble la capacidad que tiene de hacer preguntas que nos apelan directamente y es desasosegante.

- ¿No cree que es el autor más completo del siglo XX español?

- Recelo siempre de los podios, pero creo que después de Cervantes, Lorca está ahí. Solo Cervantes tiene esa capacidad de multiplicar el asombro como Lorca. No hay nada que no hayan tocado o lo hayan devuelto mejor de lo que era. Es cierto que hay poetas de su generación, como Cernuda, que llega a lugares altísimos y hay dramaturgos en su generación tremendos. Pero un hombre que reúna tanto talento en un tiempo de vida tan corto… Uno se pregunta qué hubiera hecho si hubiera vivido mucho más… Qué nos hubiera regalado… Lo que escribe solo en diez años produce pasmo y lo que dejó sin hacer… Con Cervantes, Lorca es nuestro escritor más infinito. Y el tiempo no lo agota sino que lo multiplica. Es increíble.