El pintor Carlos Morago
El pintor Carlos Morago - MARTA CARRASCO

Carlos Morago: «La crisis ha depurado el mundo del arte»

Académico de la Santa Isabel de Hungría, presenta en la galería Haurie la exposición titulada «Realidad alterada»

SEVILLAActualizado:

Carlos Morago (Madrid, 1954), llegó a la pintura por su padre que era pintor aficionado y siempre estaba visitando estudios, así que de niño iba con su progenitor y ese mundo le interesó, «no fue algo impuesto sino de lo mas natural. Visitábamos los museos y exposiciones, y por eso el ambiente de los pintores se convirtió en el mío». Desarrolló su formación en la Escuela de Artes y Oficios y en las sesiones de dibujo del natural en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. En el año 2002 es nombrado Académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría de Sevilla.

En la galería Haurie de Sevilla presenta su última exposición titulada, «Realidad alterada», en la que como siempre su temática es la realidad, «pero como dice el título, intepretada, alterada. De un objeto real lo que menos me importa es el objeto en sí, sino su desarrollo o cualquier detalle». No suele pintar al natural, aunque siempre lleva una cajita de acuarelas, « y es lo que voy depurando, en el estudio el cuadro es más elaborado respecto a secados etc».

Dice que desde que empezó su carrera, «ésta ha evolucionado en espiral, y va expandiénse. Cada vez voy quitando más elementos y fijándome más en lo que podría ser una extracción, más que abstracción, jugando con la plástica, la luz y el color que son elementos básicos y fundamentales en mi obra. La luz siempre está intepretada, partiendo del objeto real tamizo la luz para lograr el efecto plástico de la obra».

Carlos Morago afirma que a primera vista, «los objetos o los paisajes que realizo parecen ser los restos de la cotidianeidad, una colección de formas, entidades o cosas de uso diario. Plantas, botellas, interiores, por ejemplo, son despojados sistemáticamente de etiquetas o formas de poder identificarlos, para reducirlos a signos esenciales. Luces y sombras se convierten para mi en abstracciones, identificables momentáneamente o tangibles, por una asociación transitoria con paredes, follaje o tierra. Mis paisajes, podría decir que no tienen sonido, se distancian de su realidad, están mas alejados de ella y más próximos a un sueño».

«Al menos vivo de la pintura»

Para Morago, que realizó su primera exposición con 22 años, la pintura tiene buena salud, «siempre ha sufrido ataques de otras tendencias, ahora de la informática, pero lo que huele a pintura y lo que se puede palpar, eso se mantiene y es congénito», afirma con humor.

Desde sus inicios no ha hecho más que pintar, aunque tuvo un breve paso por una agencia de publicidad donde trabajó como ilustrador. «Se daba la circunstancia de que el director de la agencia también era pintor, y me dejaba estar en su estudio donde iban mucho pintores. Yo era el pequeño de la empresa y me pasaba horas y horas pintando. Estuve un par de años en esa empresa, pero luego la pintura fue y ha sido hasta ahora mi profesión».

Como a muchos artistas la crisis también le ha afectado, «es inevitable, porque por ejemplo, en Madrid quedan el treinta por ciento de las galerías que había antes de la crisis, y al menos la mitad de las exposiciones que habitualmente se organizaban cada año. Antes del 2008, cualquier artista joven llegaba y tenía una exposición. Ahora la cosa ha cambiado. A mí no me ha ido mal, pero en este momento trabajo mucho en el extranjero, en concreto con Holanda e Italia, algo que hace unos años ni siquiera me hubiera planteado, pero a la larga yo creo que eso es bueno«.

Sin embargo la crisis económica ha ido aparejada en su opinión por una crisis creativa, «ha habido una depuración en el mundo del arte que veremos a ver si a la larga es beneficiosa o no».

No trabaja por series, sino que pinta diariamente y lleva a cabo unas dos o tres exposiciones al año, «cuando llega el momento me planteo la selección de la obra, veinte o treinta cuadros, y de esa forma hago la nueva exposición. El próximo octubre tengo una en Vitoria«.

Afirma sentirse feliz como pintor, «no sé si soy un irresponsable, pero sí, hago lo que me apetece, y por ahora con cierta tranquilidad, aunque definir la felicidad es complejo. Al menos vivo de la pintura, y como no he hecho otra cosa...».