José Miguel Fernández Sastrón, presidente en funciones de la SGAE, durante la rueda de prensa para explicar las elecciones a la junta directiva de la entidad
José Miguel Fernández Sastrón, presidente en funciones de la SGAE, durante la rueda de prensa para explicar las elecciones a la junta directiva de la entidad - Guillermo Navarro

La SGAE comienza su campaña electoral con un motín

El «bando rebelde» de la entidad rechaza los comicios, en los que no habrá voto electrónico

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El mismo día que comenzaba la campaña electoral para la junta directiva de la SAGE, una buena porción de los candidatos (músicos y editores, sobre todo) han decidido retirar su candidatura. Las papeletas no llevarán esa pregunta, pero es la gran duda: ¿Cuántos votarían su salida de la entidad si hubiera una alternativa?

Desde la directiva insisten en que «la SGAE es una organización normal», pero hace mucho la entidad vive en una crisis interna continua, con un gobierno en funciones que incluso ha interpuesto un recurso contencioso administrativo contra el Ministerio de Cultura. Pero no nos adelantemos. Como diría el Destripador, vayamos por partes.

Primera. Este miércoles, a última hora de la tarde, quince conocidos autores decidieron retirar sus candidaturas a la junta directiva. Kiko Veneno, Noni Meyers, Álvaro Urquijo, Amaro Ferreiro o Patacho, entre otros, comunicaron su decisión a todos los miembros de la organización, y avisaron de que «no reconocían la validez de la convocatoria electoral» y que no iban a aceptar los resultados de la misma. Además, anunciaron que se espera que caigan otras candidaturas, como las del expresidente de la Fundación SGAE, Manuel Aguilar, o nueve de los trece candidatos del colegio de editores. Ya lo ha hecho la Asociación Española de Editores de Música (AEDEM), que con sus tres candidatos tampoco reconoce la validez de la convocatoria. Ello, argumentan los espantados, dejaría muy dañado el proceso electoral y le quitaría legitimidad. Si había 104 candidaturas, este motín supondría la salida de casi un cuarto del total.

En la mañana de ayer, el presidente en funciones, José Miguel Fernández Sastrón, que está investigado por la justicia, tildaba la decisión de «picaresca» y «censurable», y alentaba a los implicados a presentarse a los comicios si su intención es la de «cambiar las cosas». Además, recalcó que estas elecciones siguen las mismas normas que las últimas, celebradas en 2015. Aunque en estas se presenta Teddy Bautista, pendiente de juicio por administración desleal de esta entidad.

Segunda. Uno de los grandes motivos de la discordia entre los dos «bandos» es el voto electrónico. En pleno 2018, la SGAE no lo permitirá en las elecciones del 26 de octubre. Sastrón se escuda en que «los estatutos no lo permiten». Sin embargo, el Ministerio de Cultura y Deporte exigió su implantación a través de un apercibimiento. «Haberlo puesto en la ley», replicó él. Los rebeldes, espantados más bien, insisten: ahora mismo no hay estatutos y la SGAE se rige por la Ley de Propiedad Intelectual y por las directivas europeas, que sí exigen el voto electrónico.

El músico Amaro Ferreiro lo resumió así: «La única realidad es que en la última asamblea general, por medio del voto electrónico, ellos perdieron y nosotros conseguimos tumbar sus cuentas, su gestión y el estatuto que Sastrón quería hacer para poder presentarse en un tercer y un cuarto mandato. Perdieron esa votación gracias al voto electrónico».

Hay un dato clarividente en este sentido: en las elecciones de 2015 solo hubo 994 votos presenciales por 2.135 por correo postal. La gente vota a distancia. Y todo el mundo tiene un ordenador a mano...

Tercera (y última). Aunque las elecciones son el 26 de octubre, la gran fecha clave para la SGAE es el 27 de diciembre: la fecha límite que, en septiembre, puso Cultura para que la entidad presente al Ministerio unos estatutos adecuados a la Ley de Propiedad Intelectual, que exige, entre otras cosas, que cambie el reparto de los derechos de autor. Si esto no ocurre, la entidad podría ser intervenida. «Es la mejor solución, aunque ahora mismo es una patata caliente: nadie se atreve», lamenta Patacho. «Queremos que la sociedad funcione bien, que recaude los derechos de autor, identifique a los titulares y lo reparta a sus legítimos dueños», añade Amaro.

Si nada pasa entonces, los músicos no descartan retirar su repertorio de la SGAE. Además, explican, ahora hay más facilidades para encontrar otros gestores.