El escritor Noah Gordon, autor de «El médico»
El escritor Noah Gordon, autor de «El médico» - EFE

Noah Gordon: «Me leerán después de mi muerte; un escritor no puede pedir nada más»

El escritor estadounidense llega a Madrid para presentar el musical de «El médico», la adaptación de su novela más exitosa, que vendió más de diez millones de ejemplares en todo el mundo

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Noah Gordon luce unos noventa y un años envidiables, y no por su salud, que es buena, ni tampoco por su cabeza, que funciona como un reloj. No. Es por el brillo de sus ojos al recordar, por la ausencia de resentimiento, por la satisfacción del trabajo bien hecho, del trabajo querido. «He sido muy afortunado», repite una y otra vez. Afortunado por las bibliotecas públicas que le permitieron leer durante la Gran Depresión, por haber estudiado periodismo y haber aprendido a investigar, por haber trabajado en algo que amaba. Afortunado, en fin, por haber escrito. Solo lamenta no poder hacerlo más: cosas de la edad. «La medicina no ha hecho posible que mantengamos la vitalidad de la juventud», subraya.

Gordon está en Madrid para celebrar el musical de « El médico», la adaptación de su novela más exitosa, que se estrena hoy en el Teatro Nuevo Apolo. Dice que está feliz de volver a España, de nuevo, y de ver representada la vida de aquel galeno del siglo XI. De hecho, nada más aterrizar en la ciudad no quiso ir al hotel. Una inocencia infantil eliminó cualquier posible efecto del jet lag y lo llevó a la tarima donde iba a tener lugar la magia: palabra encarnada, cantada.

«El médico» se publicó en 1986, pero sigue vigente. En 2013 se estrenó la película y, ahora, el musical: ¿se imaginaba que iba a tener tanto recorrido?

No tenía ni la más mínima idea de que esto pudiera suceder. Mi primera novela fue un gran éxito, y después escribí otros dos libros que no lo fueron. Recuerdo que mi mujer me decía: «Intenta otro libro y, si no funciona, busca el mejor trabajo que puedas en un periódico» (ríe).

Y encontró esta historia, que ha seducido a millones de lectores durante muchos años... ¿Qué es lo que cree que nos atrapa de ella?

Creo que la lucha entre la vida y la muerte, ese esfuerzo humano por prevenir la muerte. Es algo que se repite en todas las épocas de la historia.

¿Permanece esa esencia en el musical?

Iván Macías ha convertido en música muchas de las cosas que yo había intentado plasmar por escrito. Esa mezcla de las palabras con la actuación y la música crea una atmósfera diferente y hermosa en la que la historia florece.

¿Recuerda cómo comenzó a escribir esta aventura?

Claro. Me adentré en el libro como si fuera un trabajo. Comenzaba siempre después del desayuno. Un día mi mujer me dijo: «Si te levantas a las cinco de la mañana, ¿por qué no empiezas a escribir a las cinco?». Y empecé a trabajar a esa hora. Paraba a desayunar y continuaba hasta el mediodía. Y por la tarde seguía escribiendo fuera de casa… Era una vida maravillosa.

Sus padres querían que usted fuera doctor, aunque terminó formándose como periodista. Sin embargo, los médicos y la medicina siempre han estado muy presentes en sus libros.

Durante años fui periodista científico en Boston, que es una ciudad llena de investigaciones médicas. Me encantaba hacer eso. Y cuando estuve retirado en las montañas para escribir, viví en un pequeño pueblo donde no había doctores. Pero había un grupo de voluntarios y conductores de ambulancias en el que yo participaba. Y si alguien enfermaba o tenía algún accidente nos avisaban y les dábamos cuidados de emergencia. Después bajábamos una larga y sinuosa carretera hasta llegar al hospital más cercano. Y esto lo hice durante nueve años. Tengo una gran experiencia de cuidador médico en mi vida.

¿Y como paciente?

¿Como paciente? Cada vez estoy más familiarizado con los hospitales. Me siento muy agradecido. Pero vivimos en una sociedad un tanto rara. La investigación médica consigue que cada vez se viva más tiempo, pero no ha hecho posible que mantengamos la vitalidad de la juventud. Ese es el gran reto.

¿Echa de menos esa fuerza?

Por supuesto, por supuesto.

Todos los lectores nacen en la infancia: ¿cómo surgió su pasión por la literatura?

Yo crecí durante la Gran Depresión. Entonces nadie tenía dinero en América. Pero Estados Unidos siempre ha tenido una gran red de bibliotecas públicas. Mi hermana me llevaba de la mano para leer allí. Hay tantos escritores que me han impactado... Como Cervantes, y no lo digo porque esté en España.

Hablando de España... De su última novela, «La bodega», ha dicho que es una «carta de amor» a este país. ¿Cómo fue su primera vez aquí?

Mi primera vez en España… La recuerdo muy, muy bien: me fascinó. Me encanta venir aquí. Una de las razones por las que me gusta este viaje es porque será mi última visita a España. Uno de los recuerdos que tengo es tomar el tren desde la casa de mi hijo e ir a Barcelona, subir las escaleras de la estación en primavera y recibir el primer beso de calidez del aire. Ese fue mi primer encuentro con España. Y desde entonces se ha repetido muchas veces.

Hace once años que no publica ningún libro, ¿ha dejado de escribir?

Ya no puedo escribir. Tengo dos obras sin acabar, y por desgracia creo que nunca las terminaré.

¿Se ha quedado sin cosas que contar?

El problema es que en mitad de la noche se me ocurren ideas maravillosas para un libro, pero no van a ningún lado. Es lo que ocurre con los escritores mayores.

¿Y qué era lo que tenía en su juventud que le permitía escribir?

Creo que he tenido mucha suerte. Porque era un persona de edad media, con mucha salud porque vivía en un entorno natural, con mi jardín y mi huerto. Incluso podía cortar madera para nuestra estufa. Tenía mucha fuerza física y agudeza mental. Además, mi experiencia como periodista me enseñó cómo tenía que investigar las historias. Sentía una gran pasión por la escritura... Y todo se juntó. Era una posición privilegiada para escribir.

Suena bien eso de estar tan lejos del ruido... ¿Lo prefería a trabajar en la ciudad como periodista?

De niño tenía dos ambiciones: quería trabajar en un periódico y quería escribir libros. Y soy una de esas personas afortunadas que ha trabajado en lo que quería. Me encantaba ir al trabajo todas las mañanas. Mientras, muchos de mis amigos pasaban sus vidas haciendo algo que aborrecían. Soy una de las personas con más suerte del mundo.

Ahora que no escribe, ¿sigue la actualidad informativa?

La actualidad, por desgracia, me deprime mucho. Lo que me gustaría sería seguir escribiendo novelas.

Uno nunca deja de ser escritor, ¿no?

Este musical es una señal de que puedo seguir siendo leído, al menos, durante unos años después de mi muerte. Me parece que un escritor no puede pedir nada más.

Gordon, ya convertido en afabilidad pura, en abuelo perfecto, termina la conversación y se despide con unas palabras traídas desde el fondo de sus pupilas, allí donde palpita la memoria de su vida: «No dejes nunca este oficio, es maravilloso».