Las mujeres seguirán siendo el «sexo débil» en el Diccionario, con matices

A finales de diciembre, la versión online del DRAE llevará una marca de uso que indicará que el término se emplea «con intención despectiva o discriminatoria»

MadridActualizado:

Las redes sociales han cambiado nuestros usos y costumbres. Y hasta nuestra forma de tomar conciencia. Apenas unos meses atrás, en marzo de este año, Sara Flores Romero, estudiante de Marketing y Turismo en la Universidad de Cádiz, vio una imagen en Instagram que la indignó. La fotografía en cuestión era la captura de la definición que el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) hace en su página web del término «sexo débil»: «Conjunto de las mujeres». «Se lo mandé a mis amigas y se indignaron tanto como yo. Dijeron que me ayudarían en lo que fuera, y fue entonces cuando decidí empezar un “Change”», recuerda la joven. Bajo el explícito título «RAE: la mujer no es el sexo débil», Sara comenzó la campaña en la conocida plataforma. ¿Su objetivo? Lograr que la institución retire del Diccionario la mencionada definición y, de paso, la que asegura que el «sexo fuerte» es el «conjunto de los hombres».

La onubense no sabe si tiene que ver con la repercusión mediática que está teniendo el caso de «La manada» o con la celebración –el pasado 25 de noviembre– del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, pero ya son más de 160.000 personas las que han firmado su petición en Change.org. Y todo desde el anonimato. Ni rastro del famosillo oportunista que se sube al carro solidario para, de paso, multiplicar su tirón en redes y aledaños. No ha hecho falta. Es más, como colaboradores de lujo Sara destaca a los alumnos de 4º de la ESO del Instituto «José Marín» de Vélez-Rubio, en Almeria. «Se enteraron de la campaña, se lo contaron a su profesor y empezaron a apoyarme».

Apoyos

Al aluvión de apoyos se sumó ayer una noticia que la joven no se esperaba: la RAE revisará la definición de «sexo débil». Lo hará a finales del próximo mes de diciembre, cuando se lleve a cabo, en su versión online, la primera actualización de la 23 edición del Diccionario. Entonces, junto con el término aparecerá una marca de uso que especificará que se trata de una expresión que se utiliza «con intención despectiva o discriminatoria».

Desde la institución que dirige Darío Villanueva precisan que no se trata de una decisión tomada en el fragor de la polémica internetera. «La inclusión de esa marca de uso se aprobó por el pleno antes de la campaña en Change. Esa palabra ya estaba revisada, pero la RAE no actualiza el Diccionario hasta que no se tiene un grupo de términos y se hace el volcado». Según ellos, el uso de «sexo débil» como «conjunto de las mujeres» «está registrado», y «la RAE no va a quitar ninguna palabra que tenga uso documentado».

De hecho, ponen una ristra de ejemplos de autores que lo emplearon (de Espronceda a Emilia Pardo Bazán, el Che Guevara, Ruiz Zafón o Carmen Alborch) y otros tantos que hicieron lo propio con «sexo fuerte» como «conjunto de los hombres» (entre ellos Larra, Rosalía de Castro, Rubén Darío, Unamuno o Gonzalo Torrente Ballester). Y advierten: «En el enlace www.rae.es/formulario/unidrae, cualquier hispanohablante puede enviar sus propuestas para que se modifique, anule o añada un término. Es más rápido que a través de una polémica o campaña de Change».

Desde 1713, la RAE «limpia, fija y da esplendor» a nuestra lengua. Pero no es muy ducha en evitar polémicas. La sombra del machismo planea sobre una institución en la que hay 45 académicos y 7 académicas. Entre ellas, la filóloga Inés Fernández Ordóñez, quien explica a ABC que «el Diccionario recoge la lengua tal y como se usa hoy o como se ha usado». Aunque ella no es «muy partidaria de «aumentar este tipo de marcas de uso hasta el infinito, porque el lenguaje sirve para muchas cosas y en él se concibe lo bueno y lo malo», le parece «bien que la Academia sea sensible a acepciones que se han reinterpretado con el tiempo». «Lo que no se puede hacer es suprimirlas, no puede ser», sentencia.

Definiciones peyorativas

El colectivo gitano llevaba años luchando por eliminar las definiciones peyorativas referidas a su etnia. Y lo consiguió, en parte. Una vez más, la RAE sacó el «comodín» de la marca de uso «ofensivo o discriminatorio» y se la colocó al término «trapacero» usado para definir a un «gitano». Más allá de sensibilidades con la piel excesivamente fina, como las que hace unos meses se quejaron de la acepción de «madre» como «mujer o animal hembra que ha parido a otro ser de su misma especie», chirría bastante ver determinadas definiciones en el magno Diccionario.

Vaya por delante la justificación del uso, y por detrás la necesidad del desuso. Pero es llamativo que «jueza» pueda ser la «mujer del juez», que el «muslamen» haga referencia sólo a los «muslos de una persona, especialmente los de las mujeres», que una «judiada» se identifique con una «mala pasada o acción que perjudica a alguien» o que un «hombre de la calle» sea una «persona normal y corriente» mientras que una «mujer de la calle» sea una «prostituta». Será cosa del uso, también, pero según la RAE la «mujer del partido», la «mujer mundana» y la «mujer pública» ejercen todas el oficio más viejo del mundo. En fin, que para gustos hay colores, que no definiciones. Siempre nos quedará «iros», que desde mediados de julio podemos usar como imperativo del verbo ir. Ay, si «La Faraona» levantara la cabeza...