Manuel Valls
Manuel Valls - Oriol Campuzano
España, camisa blanca

Manuel Valls: «En Barcelona la burguesía es muy de pueblo»

Fue alcalde de Evry, ministro del Interior y primer ministro de la República Francesa

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—Aquí la izquierda se ha quedado parada. Tiene un lenguaje y una sociología de los años 70. El independentismo ha contribuido sin duda a este estancamiento.

—No le importa que no le haya hecho ninguna pregunta, ¿verdad?

—En absoluto. El otro día Colau dijo: «Barcelona no es una ciudad insegura, tiene problemas de seguridad». No tiene ningún sentido. ¿No falla algo?

—Dígamelo usted.

—Que esta izquierda cree que el orden es de derechas y prefiere negar el problema que evolucionar.

—¿Pero el orden no era derechas? ¿El orden no éramos nosotros?

—También la izquierda francesa tuvo este debate y lo superamos entendiendo que la inseguridad es una desigualdad más. Porque la inseguridad, sobre todo, afecta a los barrios más pobres, a los jóvenes más vulnerables y más propensos a caer en el tráfico y consumo de drogas, a las personas mayores de los barrios más periféricos, etcétera.

—No sabe el disgusto que me da diciéndome que el orden se ha vuelto de izquierdas. Tan bien que íbamos.

—El orden no es de derechas ni de izquierdas. El orden es la libertad. Una sociedad sin orden es la selva, donde impera la ley del más fuerte.

—Colau parece haberlo entendido.

—Ha sido una buena decisión poner a Albert Batlle al frente de la seguridad. Lo hizo bien dirigiendo los Mossos y tuvo el honor de dimitir cuando Puigdemont los convirtió en policía política.

—Usted me ha ganado, porque como parisino ha conseguido pasar un invierno en Barcelona mejor que los inviernos que yo como barcelonés pasé en París. Y eso era muy difícil. En breve se nos casa.

—Sí, estoy muy enamorado. Además mis hijos están encantados con Susana.

—Ha demostrado entender la política catalana mejor que los de aquí.

—Tuve un resultado mediocre pero he tenido el honor de conseguir que Barcelona no caiga en manos del independentismo. Yo me presenté para ganar, porque me gusta Barcelona y me habría gustado gestionarla. Pero estoy contento de lo que he conseguido.

—Rivera rompió con usted.

—La política tiene de bueno que la realidad siempre gana y el debate identitario ha desdibujado el eje izquierda-derecha en Cataluña. Los socialistas y yo hicimos cambiar a Colau de paradigma planteándole que fuera alcaldesa con nuestro apoyo. Lamento que la dirección de Ciudadanos no entendiera que lo prioritario era salvar a Barcelona. Colau puede poner el lacito pero algo ha cambiado cuando acepta nuestros votos. De todos modos, me hizo mucha ilusión que la mayoría de los fundadores de Ciudadanos firmaran una carta apoyándome.

—París, Barcelona.

—París, Londres, Madrid son ciudades pero también capitales del Estado. En París las personas importantes también hablan un poco de los problemas de la circulación, pero sobre todo hablan de los problemas de Francia. En Barcelona la burguesía es muy local, muy cerrada, muy pequeña, muy de pueblo. Además, ha renunciado a su papel. La economía ha cambiado, el mundo ha cambiado y la burguesía catalana ha vivido de un modo muy patrimonial, sin querer entender ni liderar este cambio.

—Menuda reprimenda les soltó a todos ellos en casa de Mariano Puig.

—El señor Puig es estupendo. Pero los empresarios a los que invitó no paraban de pelearse entre ellos y nadie quería asumir su responsabilidad. Es cierto que esta decadencia la ha habido en todas partes. El nivel es más bajo.

—Sus «haters» dicen que le echaron de Francia.

—Yo venía de un mundo político destrozado. Los partidos políticos tradicionales se habían hundido en Francia mucho más de lo que se han hundido aquí. Mi cultura socialista, de fidelidad institucional, me impidió dejar el Gobierno cuando habría tenido margen para liderar algo parecido a lo de Macron.

—Votar lo contrario para evitar un mal mayor es algo que ustedes han hecho en los últimos tiempos en Francia.

—Un mes después de los atentados del Bataclan había elecciones regionales en Francia. Los socialistas retiramos las candidaturas donde veíamos que podía ganar el Frente Nacional. Contra Le Pen, a Chirac, en 2002, le votaron más franceses de izquierda que de derechas.

—Aquel domingo, en el hotel Costes de París, Felipe González me dijo: ¿te imaginas que en España tuviéramos que votar a Aznar para salvar la democracia?

—Los votantes socialistas entendieron perfectamente tanto lo de Chirac como lo de las regionales. Y te diré que mi pacto con Colau me ha servido para recentrarme, para que una parte de los votantes socialistas franceses se volvieran a reconocer en mí.

—Sostiene Arcadi Espada que el juez Marchena es el español más carismático en mucho tiempo.

—El juez Marchena ha sido una figura importantísima. Orden, Ley, higiene. Este juicio ha avalado a la democracia española y ha devuelto la confianza en las instituciones. Tanto Marchena como el juicio han sido muy importantes para la autoestima y para la institucionalidad española. En Francia hay demasiado sentido de Estado, en España, demasiado poco.