La portavoz de Unidos Podemos en el Congreso, Irene Montero - JAIME GARCÍA

Los «Fuerzos y Cuerpas» de Irene Montero: cuando el lenguaje inclusivo forzoso te juega una mala pasada

La portavoz de Unidos Podemos en el Congreso tuvo un vergonzoso lapsus en su búsqueda de la «igualdad» en el uso del género femenino y masculino en las palabras

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Corren unos tiempos donde el reclamo por la igualdad social entre hombres y mujeres es cada vez más notorio. Sin embargo, cuando esta reivindicación se extrapola al ámbito lingüístico puede resultar controvertido. La portavoz de Unidos Podemos en el Congreso de los Diputados, Irene Montero, se ha erigido como símbolo de la lucha feminista y lo ha llevado al campo de las palabras, pero esto le ha llevado a cometer el pasado miércoles un error que está recorriendo todas las carreteras digitales.

En una intervención en «Onda Cero», Montero estaba hablando de la polémica que ha surgido sobre las declaraciones del ex comisario José Luis Villarejo, en la cárcel desde el año 2017 por el caso Tándem, que dijo ante el juez que había participado en una «investigación policial» consistente en un «espionaje a Pablo Iglesias» persiguiendo el objetivo de que Podemos no llegara al Gobierno. La portavoz se quejaba de que algunos agentes implicados «están jubilados, muy poquitos están en prisión y rindiendo cuentas ante la Justicia y otros siguen en activo, sin haber rendido cuentas» y que, por todo ello, se estaba «manchando el nombre de muchos trabajadores y trabajadoras de los "Fuerzos y Cuerpas" de Seguridad del Estado» que «participaron en la trama para evitar que Unidos Podemos llegase al Gobierno».

Previo a este lapsus, la política de Podemos utilizó el famoso «portavoces» y «portavozas», que defendía en su momento señalando el motivo del uso de dicho término, pues «a veces desdoblando el lenguaje, aunque no suene muy correcto, se puede avanzar en la igualdad». A su juicio, «ya son demasiados los siglos en los que el lenguaje se utiliza como instrumento para perpetuar el machismo en las sociedades», ya que «la mayoría» de los idiomas «usan el masculino para referirse también a la otra mitad de la población». En este sentido, decía que «lo que no se nombra suele no existe».

No obstante, Montero no fue la primera en acuñar estos términos. En 1997, la diputada socialista Carmen Romero pidió el voto en un mitin a los «jóvenes y jóvenas». Veinte años más tarde, la portavoz de Podemos en la Asamblea de Madrid repetiría esta expresión. También es conocido el lapsus «miembros» y «miembras» que reconoció la exministra de Igualdad, Bibiana Aído, hace casi diez años, en la Comisión de Igualdad del Congreso.

Lo cierto es que el entonces ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, saludó a los «miembros y miembras» del Congreso en el primer Pleno de 2012, así como la ex portavoz del Grupo Socialista en el Congreso, Soraya Rodríguez también mencionó a las «miembras» en una rueda de prensa. No quiso ser menos en 2015 el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, que se dirigió a la bancadas del Congreso como «miembros y miembras», provocando la reacción al unísono de los escaños populares. No obstante, defendía que había sido en un tono de broma.

La RAE, en contra del desdoble gramatical

Sin embargo, tras la intevención de Sánchez, el director de la Real Academia Española (RAE), Darío Villanueva, decía que «el lenguaje es un ecosistema y si lo alteramos repercute en todo el equilibrio general». Según critcaba con gracia, «si se llama miembros a los hombres y miembras a las mujeres, habrá que empezar a llamar miembros a los brazos y miembras a las piernas».

La RAE se pronunció recientemente para avisar de que hay que evitar el lenguaje inclusivo pues lo califica como una «moda». De hecho, la directora del Departamento de «Español al día» de la RAE, Elena Hernández, ha defendido el uso genérico del masculino gramatical como el «mecanismo inclusivo» del que se dota la lengua para aludir a colectivos formados por hombres y mujeres, en lugar del desdoble de términos o lenguaje inclusivo, una práctica que, a su juicio, hay que evitar. Consideró también que las estrategias de desdoble «no tendrán implantación real» y «se quedarán en una moda».