Entrada a la cueva de Cervantes en Argel
Entrada a la cueva de Cervantes en Argel - EFE

Argel convierte a Cervantes en atracción turística

La cueva donde se refugió escapando de su cautiverio será renovada

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La puso en boca de Don Quijote y se convirtió en una cita memorable, tan actual que produce pasmo. «La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos», le decía el famoso hidalgo a su fiel escudero. Quizás Cervantes firmó tan bello pasaje porque había conocido el cautiverio. Quizás pensaba en Argel cuando escribía aquellas líneas, pues allí fue apresado junto con su hermano Rodrigo en 1575 por un grupo de corsarios berberiscos. Tardó cinco años en librarse de sus manos, pero trató de fugarse hasta cuatro veces. En el segundo de esos intentos, el escritor se refugió con otros cautivos en una cueva. Allí esperaban un barco que los sacase del país, pero solo encontraron traición.

Aquel lugar todavía pervive, pero ha pasado inadvertido para el público. Hablamos de un lugar célebre, pero no celebrado, al menos hasta ahora. Ayer mismo, el ministro argelino de Cultura, Azzedín Mihubi, revelaba que su Departamento estaba trabajando con la Embajada de España en Argel para desarrollar un programa cultural que incluiría la renovación de la cueva. «La gruta de Cervantes se convertirá próximamente en una atracción turística», declaró Mihubi, que no detalló en qué fecha comenzarán los trabajos ni cuándo será abierta al público.

Antiguas reformas

La cueva, que ya había sido restaurada en una operación conjunta hispano-argelina en 2006, se utiliza en escasos eventos, como la conmemoración del aniversario de la muerte del autor, que se celebra cada 23 de abril. Situada en el barrio capitalino de Beluizad, cuenta con una superficie de dos mil metros cuadrados y contiene una fuente y un busto de mármol del autor, que es una copia exacta del que se colocó en 1894 y que desapareció durante la década de los noventa.

Los intentos de fuga de Cervantes no fueron condenados con extrema dureza (a veces se pagaban incluso con la muerte), pues el escritor tenía en su haber una carta de recomendación de Juan de Austria, que se la escribió cuando este dejó la Armada después de haber servido en la batalla de Lepanto. Este documento les hizo pensar que tenían a un preso valioso, por el que podían pedir un gran rescate. Quizá por ello, cuando lo descubrieron en la gruta «solo» lo volvieron a encerrar. Al final, tuvo que desembolsar quinientos escudos de oro, que consiguió gracias a la mediación de los Padres Trinitarios. Así, el 19 de septiembre 1580, recuperaba el precioso don de la libertad.