El equipo EOS con migrantes rescatados en la ‘Santa María’.
El equipo EOS con migrantes rescatados en la ‘Santa María’. - ORP TEAR
RESCATE MIGRANTES

Más de cinco meses salvando vidas en el mar Mediterráneo

El Equipo Operativo de Seguridad de Infantería de Marina que desplegó a bordo de la fragata ‘Santa María’ cuenta su experiencia en la operación ‘Sophia’

San FernandoActualizado:

Aún no ha amanecido cuando las dos embarcaciones semirrígidas se alejan de la fragata ‘Santa María’. Con los primeros rayos de sol divisan un par de lanchas hinchables a la deriva repletas de gente. Se acercan. Hay mujeres y niños, los ojos llenos de miedo les miran con esperanza. Reina el silencio. Una a una, los infantes de Marina y el trozo de visita y registro (equipo encargado de acudir a las embarcaciones con migrantes cuando se produce un rescate) de la fragata ‘Santa María’, trasladan a más de 200 personas a sus lanchas y las llevan hasta el buque.

Es el día 26 de diciembre de 2017 y los militares españoles, desplegados en la operación ‘Sophia’ de lucha contra el tráfico de seres humanos frente a las costas de Libia, se acaban de enfrentar a su primer eventoSolas (asistencia a migrantes).Después de este, vendrían varios más para la fragata ‘Santa María’. En total, en cinco meses y medio de misión hasta que volvieron a Cádiz el pasado 20 de mayo, salvaron la vida a 1.420 personas en el Mediterráneo. Más de dos ‘Aquarius’.

A bordo de la ‘Santa María’, además de los casi 200 miembros de la dotación, un EquipoOperativo de Seguridad (EOS) deInfantería de Marina, perteneciente a la 9ª Compañía del Tercer Batallón de Desembarco Mecanizado del Tercio de Armada y compuesto por once hombres, dos de ellos tiradores de precisión. «Nuestra función es dar seguridad al buque en las entradas y salidas de puerto, en los tránsitos en la mar, en la lucha contra el tráfico de personas, armamento o combustible, además de la ayuda humanitaria a los migrantes», explica el sargentoRafael Oneto Collantes, jefe del equipo EOS.

De izquierda a derecha, el sargentoOneto, los cabos Almansa y Felipe y el cabo primero Machio.
De izquierda a derecha, el sargentoOneto, los cabos Almansa y Felipe y el cabo primero Machio. - ANTONIO VÁZQUEZ

Lágrimas y felicidad

«Es una misión muy gratificante. Ves a niños, a jóvenes, que están perdidos sin saber si van a sobrevivir y al montarlos en nuestras embarcaciones observas sus caras de felicidad y las lágrimas que se les caen porque saben que están a salvo», cuenta el sargento Oneto, natural de San Fernando, sobre la operación ‘Sophia’. «Es dura en ocasiones porque nos encontrábamos con personas que llevaban, en ocasiones, tres días en la mar, en muy malas condiciones, deshidratadas, heridas», cuenta el cabo Cristian Fernández Felipe, cuya función ante un rescate era ir en una de las embarcaciones a recoger a los migrantes. Junto a este valenciano, en cada evento Solas estaba el sargento Oneto que, como jefe del equipo EOS, se encargaba de coordinar al personal y con el buque español durante el rescate. «Una vez que habíamos terminado nuestra función en el agua, subíamos a la fragata y los once trabajábamos de la misma forma, manteniendo la seguridad del buque y el bienestar de los migrantes hasta desembarcarlos en puerto», cuenta el sargento.

Si una parte del equipo EOS iba en las embarcaciones, la otra se quedaba en el buque. «Cuando ellos traían a los migrantes, nosotros les hacíamos un registro para ver lo que llevaban, por seguridad para ellos y para nosotros», dice el cabo Juan José Almansa López, natural de Jaén. «Además, procedíamos a la filiación de los migrantes, saber de qué país vienen, si traen algún tipo de documentación y nosotros mismos también nos encargábamos, apoyados por personal del trozo de visita y registro del buque, de alojarlos lo mejor posible, darles ropa nueva porque vienen mojados y llenos de gasolina, habilitarles unos baños, les dábamos comida, agua... En fin, hacerles la vida a bordo lo mejor posible», cuenta el cabo primero Sergio Machio García.

Para este sevillano ‘Sophia’ ha sido su primera misión en el exterior. Mientras que sus tres compañeros han desplegado con anterioridad en elLíbano, Bosnia o la operación ‘Atalanta’. Pero todos coinciden en que la operación en aguas del Mediterráneo es completamente diferente al resto.

Besar el suelo

El cabo Felipe recuerda especialmente el rescate de una embarcación de madera, repleta de gente «en la cubierta, en la bodega y en el techo», explica. Cuando los españoles comenzaron a rescatarles «las mujeres y los niños, sobre todo, lloraban y miraban al cielo, cantando, estaban rezando. Eran cristianos ortodoxos. Nos pidieron permiso para rezar y estuvieron horas cantando», cuenta.

Por su parte, el sargento Oneto tiene grabada en la cabeza una imagen, «cuando los cogíamos de su embarcación y los metíamos en la nuestra, las mujeres y los niños se ponían a besar el suelo, llorando», narra. De los cinco meses y medio salvando vidas en el Mediterráneo se queda con la diferencia entre cuando rescataban a los migrantes, que se mostraban distantes con los militares y cómo, tras dos días de tránsito hasta llegar a puerto, cuando desembarcaban «estaban muy agradecidos. Abrazos, sonrisas, como si te conocieran de toda la vida».

Rescate en un evento Solas.
Rescate en un evento Solas. - ORP TEAR

Antes de ir a misión los infantes de Marina pasan una certificación operativa y, durante el despliegue, siguen con su adiestramiento para estar siempre al 100%. Cada batallón tiene un equipo EOS, formado por voluntarios que, además, pasan una selección. A la hora de ir a misiones, el sistema es rotatorio entre los equipos.

Ahora se encuentran en Mauritania a bordo de la fragata ‘Canarias’, donde estarán 18 días colaborando y adiestrando al ejército de ese país y de Cabo Verde. En la memoria de todos permanecerán detalles, como la alegría de un niño rescatado al darle un dulce de Navidad, «parecía que le habías dado la vida». «Cuando llegas aquí ves las cosas de otra manera. No das importancia a lo que antes hacías un mundo», dice el cabo primero Machio. «En España vivimos muy bien y no somos conscientes del problema que hay por ahí. Parece mentira que en el año 2018 haya esclavitud, violaciones, que la vida de una persona no valga nada», señala. Se quedan con la satisfacción de haber salvado centenares de vidas y siguen, «cumpliendo nuestro deber cuando se nos requiera».