Momento en el que la Guardia Civil localiza al menor retenido. - LA VOZ
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Vídeo: Así rescató la Guardia Civil de Cádiz al menor retenido en una casa en Puerto Real

Tras detener a su captor, los agentes se apresuraron a sacar de la vivienda al joven marroquí de 15 años que había sido engañado y estaba encerrado en «condiciones infrahumanas»

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Le dijeron que le iban a ayudar. Que con ellos lograría llegar sano y salvo hasta el destino que había elegido. Quizá no tenía todavía muy claro cuál era, pero sí le habían dicho que en el norte de España podría optar a más ayudas sociales. Los engatusaban así. B., 15 años. Había llegado en patera. Como tantos otros. Solo. Tras ser rescatado después de cruzar el Estrecho recayó en un centro de menores. Y fue de ahí, aprovechando una de las salidas que hizo, cuando esos mismos que le habían prometido ayuda, lo montaron en el coche y se lo llevaron a una casa perdida en Puerto Real.

Y allí se quedó. En un colchón tirado en el suelo. Sin agua, ni lavabo, ni comida. En esa vivienda derruída, en obras, pero con pestillos y rejas por todos lados. Para que no escapara. Su captor, Driss, un compatriota de unos treinta y pico años, le dijo que no le dejaría seguir su camino hacia el norte hasta que su familia no pagara por él el rescate de 500 euros que venían exigiendo a otros como él. Porque, según ha constatado el Grupo de Información de la Guardia Civil de Cádiz, este adolescente no era el primero que caía en manos de esta red. Ya lo habían hecho en más ocasiones.

El vídeo que acompaña esta noticia muestra como, en el marco de un importante operativo, los agentes detienen al principal sospechoso. Un ciudadano marroquí casado con una española (también detenida). Tras localizarlo el pasado miércoles y una vez teniendo por seguro que no le iba a hacer más daño, se dirigen a la casa donde se encuentra encerrado el menor. Entran a toda prisa a por él. «¡Aquí está!», gritan. «Tranquilo, ya estás con nosotros», le dicen mientras que lo levantan con cuidado de la cama y lo intentan tranquilizar. Lo sacan al patio y allí los agentes le dan un bocadillo que ellos mismos llevan. Dice que tiene hambre.

A escasos metros está quien lo ha tenido ahí metido. Ha acudido para estar presente en el registro. No se miran. El acusado tendrá que responder ahora por lo que supuestamente ha hecho. El menor es devuelto al centro donde estaba interno. «No pasa nada», le dice el director cuando al verlo se funden en un abrazo.

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