SANIDAD

Verano de juegos para olvidar la pesadilla

Encarnación Sánchez ha pasado un calvario de dos años que acabó con una operación de espalda

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«¿Que qué es lo primero que quiero hacer cuando salga del hospital? Jugar con mis hijos, llevo dos años sin poder hacerlo». Encarnación Sánchez se recupera de una operación de espalda que ha puesto fin a dos años de sufrimiento y dolor en los que, según denuncia, «la única solución que me daban en la Seguridad Social era una dosis brutal de morfina». La paciente mira, desde su cama en la habitación de San Rafael –el día de la entrevista aún estaba ingresada, aunque fue dada de alta al día siguiente–, el teatro Falla. «Ahora quiero recuperar el tiempo con mis hijos, en estos dos años he tenido todas las limitaciones y, si no llega a ser por don Mario, seguiría igual».

«Don Mario» es el doctor Mario Velarde, neurocirujano y traumatólogo que se ha ofrecido a intervenirla gratuitamente «ante la falta de respuestas del SAS, y eso que la operación que había que realizarle no era tan complicada, un cirujano con un poco de dedicación lo habría hecho». Velarde denuncia que «la Sanidad pública está morfinizando a los pacientes, les atiborra de pastillas en lugar de darles una solución».

Mientras lo dice, Encarnación asiente. «Estaba tomando una dosis de 133 miligramos de morfina cada dos horas para soportar el dolor», explica y, ante la pregunta del ingenuo periodista, responde que «es como estar fumando porros constantemente». A consecuencia de esta situación «no sólo no podía hacer nada sino que, además, no dormía por las noches porque la morfina te mantiene alerta».

El Puerta del Mar sostiene que se le ofreció la intervención y que fue la paciente quien la rechazó

Su calvario, según relata, comenzó hace dos años. En ese momento se le rompió el tornillo de una prótesis que, precisamente, le había colocado el doctor Velarde con 17 años (ella tiene ahora 44) para corregir una espondilolistesis (grosso modo, el desplazamiento de una vértebra). «En esa época San Rafael estaba concertado con el SAS y se le pudo realizar aquí la intervención, así como un par de correcciones que hubo que hacerle, pero sin el concierto todos el seguimiento tuvieron que hacérselo en el Puerta del Mar», insiste Velarde.

Dolor e impacencia

La ruptura le provocó «unos dolores increíbles en la zona ciática; no podía hacer nada, ni jugar con mis hijos, ni trabajar; limpiar y cocinar era una odisea y no podía atender a mi madre, que está en silla de ruedas», relata Encarnación al borde de la lágrima, que reprime animándose con un «bueno, ya ha pasado». Según explica, «cada vez que he ido al Puerta del Mar me ha atendido un neurocirujano distinto; la primera vez me dijeron que no me podían operar y me emplazaron para seis meses más tarde».

El diagnóstico cambió y eso le llenó de esperanza: «Pasado ese medio año, el neurocirujano que me vio me dijo que era operable y me mandaron más pruebas. Medio año después me hacen las pruebas de la operación después que me viera otro especialista pero cuando ya parecía que me iban a dar fecha para pasar por quirófano... el otro neurocirujano que vio me dijo que eso no se podía operar. Se me vino el mundo abajo», relata.

Como se le vino cuando le dijeron el precio de la operación: unos 15.000 euros. «Al final, como ya la conocía y la había tratado, le dije que no se preocupara, que pagara sólo la hospitalización y que yo no le cobraría ni por la operación ni por los materiales... aunque eso luego me supone unos quebraderos de cabeza increíbles con Hacienda», relata con una sonrisa Velarde que, no obstante, se pone serio a la hora de valorar la atención que ha recibido la paciente.

«Hay muy buenos profesionales de neurocirugía en el hospital, y muy buenos traumatólogos, pero no hay coordinación, por lo que casos como mío se quedan en tierra de nadie; y ahí, ¿qué solución ofrecen? Drogas, barra libre de morfina?» «Piensa que esta tomando, con 40 y pocos años, un gramo y medio diario de morfina, ¿cómo estaría con 60 o, simplemente, con 50?» «Es muy duro que tus hijos –que ahora tienen 11 y 8 años– te digan en pleno verano que quieren ir a la playa y les digas que no, que mamá está mala... los pobres, qué contentos se pusieron cuando les llamé tras la operación y les dije que todo había salido bien».

La respuesta del SAS

Desde el entorno del Puerta del Mar ofrecen una versión distinta de los hechos. Fuentes hospitalarias inciden en que «la paciente ha tenido un seguimiento estrecho en el Servicio de Neurocirugía del HUPM, por parte de dos neurocirujanos , excelentes y cualificados profesionales con amplia experiencia en este tipo de patología».

En el mismo sentido, aseguran que «se le ofertó a la señora Sánchez ser intervenida en el Hospital en junio de 2016, algo que rechazó porque prefería probar medicación antiálgica». Es más, informan de que, a resultas de un empeoramiento, solicitó que se le realizara la intervención, «por lo que tras explicarse en qué consistía, se incluyó en la Lista de Espera Quirúrgica». Sin embargo, según el SAS, «en marzo de 2017, firma voluntariamente la baja en Registro de Demanda Quirúrgica, saliendo de la Lista de Espera, al rechazar de nuevo la intervención».

El SAS confirma que Encarnación volvió a solicitar la operación en octubre de 2017, «pero se desestima la intervención puesto que el cuadro ya ha variado y la sintomatología responde a otro tipo de proceso».

Por último, como respuesta, el SAS insiste en que «los facultativos que la han atendido son especialistas en neurocirugía con una dilatada trayectoria profesional y amplia experiencia, por lo que las diferentes pautas de actuación e instauración de tratamientos son realizadas bajo su criterio. Su actuación no depende de la existencia de criterios diferentes por parte de otros profesionales ajenos a este hospital y al SAS, y cuyos procedimientos no se ajusten a la evidencia científica».